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Mar, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Después de unos años que, por diversas razones, no acudía al Certamen Internacional Coreográfico Burgos-New York, he pasado los tres días de sus exhibiciones, selección de finalistas y proclamación de ganadores, lo que me ha servido para volver a tener un baño de cercanía con algunas jóvenes bailarinas y coreógrafas de diversos puntos, con sus piezas más novedosas, dentro de una competición entre todos. Creaciones de muy diferente impronta, técnicas no muy divergentes, pero sí sensibilidades variadas en la elección de los asuntos a los que evocar, esas inspiraciones que algunos llamamos dramaturgias que sirven para contextualizar de una manera más ordenada los impulsos y las necesidades de comunicación.

 

Este certamen se va renovando, algunas secciones que parecían sustanciales han desaparecido, otras se incorporan como es la de bailar entre piedras, es decir, usar edificios singulares como escenarios, al igual que una idea de difusión por diferentes poblaciones de la Comunidad de Castilla y León de algunas de las piezas, lo que ayuda a que en otros puntos con poca población tengan contacto con la danza contemporánea. Una iniciativa que se enmarca en el contexto de todos los objetivos que el Ballet Contemporáneo de Burgos está llevando para la creación de un fondo de alumnos que se vayan desarrollando, la unión y contacto con otros puntos de educación y difusión de la danza del mundo entero, para colocar la danza contemporánea burgalesa, castellanoleonesa y española en el mapa, a partir de iniciativas que van consolidando un proyecto sólido.

El certamen celebró su vigésima edición, el marco del Teatro Principal de Burgos sigue siendo ideal para que los artistas se puedan expresar en el espacio, con los medios adecuados para que sus trabajos se vean en las mejores condiciones y que los jurados internacionales puedan valorar sin restricciones lo ofrecido. No es lugar de opinar sobre lo presentado, ni sobre lo premiado, simplemente remarcar que en plena pandemia que condiciona casi todo, se vio un nivel bastante alto, con ejercicios de investigación impresionantes, calidad en las puestas en escena, sensibilidad en la elección de esos momentos que van tejiendo las historias. Un paso adelante.

Y la sensación de que el equipo que lo organiza mantiene un entusiasmo, una delicadeza en el trato de técnicos, artistas, docentes, jurados e invitados que son el reflejo de su idea del proyecto, de sus vocación que está más que consolidada y que necesita quizás una mayor atención global. Tiene ayudas, con cantidades que se pueden considerar significativas, pero que, en términos generales, sufre de esa desatención, olvido, silencio doloso de los medios de comunicación, que es uno de los males que aqueja a las artes escénicas y a la danza contemporánea en particular, con la excepción de los cuatro nombres reconocibles, generalmente por su proyección internacional.

El encuentro con viejos amigos me ha vuelto a colocar en la disposición de reconocer todo aquello que no hacemos incluso desde los medios especializados en la difusión, adecuadamente, con información que revalorice lo ofrecido, que sepa dotarle del valor adecuado a cada propuesta. Pasamos por encima con demasiada ligereza sobre la danza. En este medio, Afonso Becerra, insiste casi cada semana en recordarnos a partir de sus experiencias de los caminos que está tomando la danza actual. Quizás sean todavía acciones de guerrillas localizadas, que no han logrado dar una imagen de conjunto de movimiento que abarca a miles de profesionales en su mayoría con formación superior, pero que no encuentran ni las suficientes compañías, ni los adecuados circuitos, ni la manera de conectar con los nuevos públicos, pese a que la inmensa mayoría de sus propuestas utilizan lenguajes actuales, directos para conectar con los sectores más jóvenes de nuestra sociedad.

Algo se debe hacer además de ir solventando cada incidente, con ayudas puntuales. Un plan serio de formación, producción y difusión de la danza, global, integral, en la que participen docentes, escuelas, conservatorios, grupos, compañías, distribuidores, festivales y programadores para dar pasos en positivo, de futuro. En Burgos estaban dos directores de dos tetaros importantes, el Calderón de Valladolid y el Victoria Eugenia de Donostia, con la intención de absorber en sus programaciones las piezas premiadas. Es un paso. Pequeño, pero se necesitan circuitos tratados con criterios profesionales y pensando en crear nuevos públicos para la danza. Si los programadores lo hacen con desgana, si no les produce suficiente motivación, que liberen días de programación y presupuesto para que otros especialistas los ocupen y se hagan, insisto, planes de difusión y de acercamiento de la danza para valorarla como un bien cultural de primera necesidad, sin paternalismo de ningún tipo.

Y si tienen dudas acudan a los organizadores de este evento y pregúnteles. Cómo mantienen un edifico donde reside su Ballet, cómo tienen seiscientos alumnos en todos los niveles en su escuela. Y a partir de ahí, entiendan cómo en ese entorno, este certamen se emparenta con New York. Y quizás entiendan que, si se hace un camino con muchos focos dancísticos entre Burgos y Nueva York, se podrá dar la vuelta al mundo de puntas, taconeando o bailando con contacto físico, metafísico y filosófico.