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Lun, Dic

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

La guinda de la torta, la joya de la corona fue un alza de 4 centavos de dólar en el pasaje del metro. 4 miserables centavos no fueron la causa del caos desatado. Así como es la última gota la que rebalsa el vaso, esos centavos fueron el detonante de la reacción en cadena que estamos viviendo en estos días en Chile.

 

Somos un ejemplo de inequidad con algunos de nuestros con nacionales figurando en los rankings de personas más ricas del mundo, mientras el sueldo mínimo es de 450 dólares, eso antes de los descuentos para previsión y salud.

Si todos fuésemos millonarios, perfecto, y aunque suene un tanto contradictorio, si todos fuésemos pobres, estaríamos en relativa paz. El problema surge cuando se sabe de algunos que tienen colección de autos Ferrari, mientras muchos pasan largas horas en el deficiente transporte público para llegar a sus trabajos y después de la jornada, llegar a sus camas prácticamente a desmayarse del agotamiento, para recomenzar al siguiente día.

Caímos en el embrujo de los cyber days, las ventas nocturnas, el dinero plástico, los viajes all inclusive, la felicidad comprada en incómodas cuotas mensuales.

Incluso esa última gota que rebalsó el vaso, no era cualquier agua, era agua embotellada en su origen, la Patagonia. Adquirimos gusto por el lujo cuando con suerte, muchos siguen desayunando pan con mantequilla, sin jugo de naranja, fruta fresca ni huevos pochados.

Es fácil contar aquellos que tienen rancios apellidos capaces de abrir todas las puertas en comparación con los incontables a quienes se les cierran las puertas por el solo hecho de no tener el apellido adecuado.

Ante la explosiva movilización social reciente, literalmente explosiva, la esposa del presidente se refirió a una invasión alienígena, sin darse cuenta que los verdaderos alienígenas hace tiempo que están entre nosotros. Son verdes, sí, son verdes, forrados en dólares producto de la riqueza de nuestro país, riqueza que obviamente no es para todos, aunque debería serlo.

Lamentablemente, para que existan multimillonarios, se necesita un enorme grupo de pobres.

El sueldo mínimo en Chile está por debajo de lo que se considera la línea de la pobreza.

¿Qué?

Lamentablemente es verdad, una triste verdad como cientos de otras que fueron las que llenaron el vaso de la desigualdad social.

Aunque se tengan todas las habilidades necesarias para ser el mejor de los profesionales, simplemente no se puede estudiar porque el ingreso familiar con suerte llega a fin de mes y las becas no son suficientes.

Estudian los que pueden pagar y no aquellos que tienen las habilidades para hacerlo. De manera excepcional, gracias al esfuerzo familiar y sacrificando demasiado, algunos logran estudiar una promisoria carrera, para terminar siendo los empleados de sus colegas con apellido y contactos.

¿Movilidad social?

Mmmm, no creo.

El gran problema es la desigualdad social en aumento.

¿Qué nos ha llevado hasta aquí?

La desmedida ambición humana capaz de cegar conciencias.

¿Cómo podemos salir?

Con educación, educación, educación.

No una educación sectaria o elitista, sino una educación para todos en que los diferentes miembros de la sociedad vean desde pequeños al otro como un igual.

Si de pequeños aprendieron, jugaron, fueron amigos, pelearon, volvieron a ser amigos, se conocieron… difícilmente de adultos van a ser capaces de abusar el uno del otro y podrán brindar por una causa común de convivencia, sin rebalsar ni una sola gota de sus vasos.