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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

El artista ha de hablar desde su herida, dice Ester Belver que su maestro decía. Hablar desde la herida. O dejar que la herida hable por nosotras. El coño es nuestra herida. Gruta salvaje de placer y de vida, nido de infamia, enfermedad y vergüenza, sangre de siglos, amparo de muchos, flor que palpita. El coño es nuestra raja. Estamos abiertas, tenemos un agujero entre las piernas, por el que puede entrar un serpenteante atisbo de vida. Entre muchas cosas más.

No estoy preparada para hacer esto. No estoy preparada para hablar de mi herida, querido diario, bla, bla, bla. A nadie le importa que no te atrevas. Lo que quieren es leer lo que escribas desprendida del miedo. Lo que se espera de un artista es que venza la vergüenza de sentirse expuesto para gritar al mundo desde su pieza, desde su humilde propuesta, que la herida de uno es la herida de todos y que si tú no te atreves, ya te muestro yo la mía para que se airee.

El secreto del creador reside en saber hacerlo huyendo del "yoismo", hablando en idioma "teatro", "música", "cine", "escritura" o "escultura". El secreto reside en transformar a la hija de puta de tu madre en un personaje ajeno que hasta sea capaz de arrancar unas risas conspiradoras en el espectador en un momento dado. El secreto reside en darle la vuelta a tu historia para que tu miedo a la ausencia se convierta en el abandono de muchos.

Hablar desde la herida. Cicatrizada en algunos casos, supurante en otros. Hablar desde la herida, Betadine en mano. Bucear en la herida para averiguar que hay al otro lado. Quizás nos espere un alivio de siglos. En estos momentos de la película no se me ocurre otro punto de partida desde donde poder parir o alumbrar una obra. Pienso que todo lo demás es mentira. Artificio, fuego fatuo, movimiento sin intención, tontería.