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21
Mar, Nov

Y no es coña

Acabo de pasar unos días en Santa Cruz de La Sierra de Bolivia compartiendo experiencias en un taller de crítica de artes escénicas con periodistas en activo de un periódico local, blogueros inquietos, directores, actrices y aseguro que de vez en cuando reflexionar, debatir, compartir las ideas sobre la función de la crítica o volver a encontrar una definición para saber de qué hablamos cuando hablamos de crítica es muy saludable. Y mucho más lejos de la seguridad y las certidumbres habituales. Siempre termino con la sensación de haber recibido mucho más de lo que he dado. Y espero que les haya dada bastante, al menos en lo concerniente a la filosofía que debe arropar una crítica, a conocer el objeto criticado y a una estructura media y algunos instrumentos para poder desarrollar posteriormente esa opinión argumentada a la que en ocasiones llamamos crítica aunque se parezca mucho más a una crónica.

He aprendido esta vez que reconocer las falencias, saber las debilidades, interesarse por conocer, comprometerse desde la intuición, el deseo de cambiar o de rectificar situaciones estancadas es un movimiento imposible de parar, casi revolucionario, o al menos uno de los pasos para que se pueda evolucionar. Sucedió que la obra, el espectáculo, el montaje que nos sirvió de objeto para hacer el análisis crítico fue una versión realizada por Ubaldo Nallar de “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare que es la primera entrega de un proyecto de compañía que lleva el nombre del bardo inglés y que nace con la sana e importante intención de hacer llegar la voz, la imaginación, la teatralidad de este autor a todos los rincones de la región.

Estrenada en el Festival Internacional del pasado abril, se van realizando actuaciones de manera habitual en la propia Santa Cruz, pero se está esperando la llegada de un camión-teatro, con el que se llegará a diferentes poblaciones del oriente boliviano y quizás a todo Bolivia. Se ha hecho una versión utilizando iconografía de la mitología local, aunque sin variar mucho, o nada, el texto, apenas unos recortes de reiteraciones, un aligeramiento para acortarla, no llega a las dos horas, con un vestuario colorista, una propuesta muy popular en el sentido más noble del término. Se intenta llegar a públicos que no conocen el teatro y menos a Shakespeare. Y esto es un plan importante.

Porque entre los talleristas, licenciados la mayoría de ellos, teatristas o músicos algunos, periodistas los más, casi ninguno conocía la obra, no la había leído y no la había visto nunca representada. Estamos hablando de la segunda capital de Bolivia, entre personas de la clase media ilustrada. Por lo que el proyecto de hacer cada año una obra de Shakespeare, llevarla a los lugares menos protegidos por las instituciones públicas culturalmente, me parece una obra magna. Algo que me conmociona porque se trata de algo nacido de la iniciativa privada y que tiene una vocación de instaurar una tradición teatral inexistente. Una manera sensata de intentar que públicos nuevos se acerquen a estos textos. Y que la ciudadanía en general pueda acceder a ellos.

La compañía tiene otra línea de trabajo contemporánea, con otro nombre. Nada que objetar. Todo es compatible y ayuda a mejorar. Aquí señalamos la importancia de lo importante que es trabajar hacia los demás con un plan, con un objetivo a medio y largo plazo. Algo que ayude a crecer a todos, profesionales, públicos, prensa en este caso donde hemos estado intentando señalar algunos de los instrumentos que se pueden utilizar para el análisis que debe acompañar esta aventura. Si nunca se había hecho Shakespeare, si en las escuelas no se estudia interpretación adecuada para afrontar este tipo de textos, estamos ante una importante vía de crecimiento. Y es lógico que haya desigualdades interpretativas en el montaje, que la propuesta deliberadamente sea exacerbando la parte de comedia y mágica de la obra. Pero es un primer paso, de algo necesario. De algo que puede ser muy importante. Y que todos deben apoyar, porque es de una gran generosidad por parte de todos los artistas, productores, técnicos que participan.

Y en la otra parte de mi cabeza poliédrica, quiero señalar de manera entusiasta que hacia tiempo, mejor dicho nunca, y yo he pertenecido a alguna, que no veía a una sección entera de Cultura de un periódico asistiendo a un taller de crítica e información de las artes escénicas, participando de manera seria, demostrando interés y sensibilidad por las mismas. Gracias a todos y todas. Ojalá estos brotes fructifiquen de verdad y dentro de pocos años tengamos algo importante y reconocido por todos en Santa Cruz de la Sierra y en Bolivia. El camino puede ser intrincado, pero se ha dado un gran paso. Y al menos hay una sección de un periódico, y un blog que van a acompañar y a empujar. Y eso es lo importante.

 

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