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Lun, Nov

Foto Luis Castilla

¿Ser como debe ser?

A través del devenir histórico, todas las culturas y civilizaciones han determinado las normas del comportamiento humano. Cada persona o cada colectivo social es deudor de un legado diferenciador, de unas costumbres amasadas en el tiempo que, en el mejor de los casos, pueden tener amplios puntos coincidentes lo cual facilita el intercambio cultural y la comprensión.

La compañía andaluza Excéntricas Producciones ha presentado “La maldición de los hombres Malboro”, según idea de Isabel Vázquez y dramaturgia de Gregor Acuña-Pohl, dentro del marco de 33 Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz. La obra plantea una serie de preguntas y reflexiones acerca del individuo que acarrea una serie de tópicos de comportamiento mantenidos y acrecentados por el sistema educativo de cada área geográfica o país.

¿Qué se espera de mí como actor social o político en cada acción cotidiana, en el ámbito laboral, en la familia, en el autobús o en los momentos de ocio? ¿Qué normas he de seguir por ser hombre, por ser mujer?

La obra aborda las costumbres y las cualidades estereotipadas de género desde la perspectiva del varón. “El hombre no llora (…) ha de oler a macho”. Y puede escupir, y practicar juegos violentos y de lucha callejera; el hombre demuestra su fuerza física, se reta con los demás, grita desaforadamente arropado en la colectividad como hincha de un equipo de fútbol, presume de esperma, canta canciones que incitan a la belicosidad; “los hombres no cocinan ni planchan ni van con el carrito, mean fuera del retrete…”; bromean denigrando a la mujer con chistes groseros –“el astro de la mujer es el astropajo”-, y, con miradas y frases despectivas, pretenden marca su superioridad ante la mujer; el macho desprecia al hombre “blandengue”, presume de testosterona, de estrógenos, de masculinidad.

La sociedad occidental, acuñada en monoteísmos masculinos dictados por medio de escritos que se consideran sagrados –Biblia, Torá, Corán–, arrastra no solo el fenotipo masculino de dominación sobre la mujer, sino que rechaza que una persona se pueda sentir incómoda, infeliz y desgraciada por habitar en un cuerpo distinto al género que obtuvo al nacer.

En “La maldición de los hombres Malboro” apenas hay texto, solo las palabras precisas para que cada personaje describa su tipología. El masculino ya está apuntado más arriba, pero quiero destacar parte de un monólogo delicioso y conmovedor. “Me impusieron ser un hombre, no como una mujer; y ahora qué esperan de mí. (…) A veces creo que he perdido la dignidad. (…) Llorar es lo primero que hicimos al nacer. (…) Solo he visto llorar una vez a mi padre…”; cuenta su historia de soledad e incomprensión.

Decía que el espectáculo apenas tiene texto, no lo necesita, aunque tampoco le sobran unas palabras precisas que aportan mayor concreción. El montaje posee un potente y sutil lenguaje de danza y expresión corporal a través del cual describe situaciones, personajes y sentimientos. Seis bailarines excepcionales, a veces en solos, otras en dúos, y las más corales, tejen un relato singular que permite descubrir y reflexionar acerca de la definición de género en nuestro contexto cultural.

El espectáculo transcurre con extraordinaria fuerza dramática, tanto en los momentos físicos más violentos como en los más dulces; entra y sale en el juego colectivo y en el individual para mostrar sensaciones, características y relaciones sociológicas con una exquisita plasticidad.

Las coreografías hablan, tienen contenido, por sí mismas, el trabajo de los intérpretes aporta una elegancia espléndida, las melodías –fantástico el coro a capela para seis voces con “Macho men” –, los ritmos, los tempos, a veces sin acompañamiento musical, la expresión corporal –sublime la danza de los “blandengues” –, en el trabajo de la compañía sevillana Excéntricas Producciones hay mucho talento artístico e intelectual.

Con todo, se me antoja que “La maldición de los hombres Malboro” es un espectáculo imprescindible para todo tipo de público, incluido el juvenil; la pieza resulta necesaria para cualquier sala escénica que se precie y sepa apreciar la calidad artística de un trabajo perfecto que muestra una danza teatro con buen gusto, sutileza y sensibilidad; aquí hay un tema que es más actual que nunca y que bien merece una reflexión.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: La maldición de los hombres Malboro. Idea original y coreografía: Isabel Vázquez. Dramaturgia: Gregor Acuña-Pohl. Intérpretes: David Barrera, David Novoa, Arturo Parrilla, Javier Pérez, Baldo Ruiz e Indalecio Segura. Covers: Javi Ruiz, Álvaro Copado y Maximiliano Sanford. Repetidora: Patricia Rodríguez Laso. Iluminación: Carmen Mori. Espacio sonoro: Santi Martínez. Dirección: Isabel Vázquez. Compañía: Excéntricas Producciones. Sala:Teatro de la Tía Norica de Cádiz. 33 Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz.

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