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17
Mar, Oct

Críticas de espectáculos

Las lecciones no son aprendidas: ya hablemos de momentos personales cruciales o de grandes acontecimientos históricos, las lecciones no son aprendidas por nuestra absoluta y endémica falta de memoria (hay autores que lo achacan a que las circunstancias cambian y ninguna época histórica es aplicable a otro momento) Lombó Teatro hace uso de la distopía para presentarnos una de las más profundas taras de la sociedad actual al tiempo que una constante histórica: la absoluta ausencia de memoria de los seres humanos ante acontecimientos que se presentan como vitales pero que no dejan huella.

Al más puro estilo Ensayo sobre la ceguera, no vienen a decirnos cómo solucionarlo, viene a ponernos delante de los ojos (los ojos del alma) el escenario más tremendista posible sobre esta merma humana, también animal, de la bestia que somos pero que, comúnmente, no queremos reconocer. Con un lenguaje corporal intenso e interiorizado hasta el límite, en unos espacios reducidos y desordenados, hacen uso de una libreta, pocos objetos y de un impresionante trabajo físico para dejar clavado en el subconsciente una historia de lo más inteligente llena de vaivenes, repeticiones y alumbraciones. Nos traen de vuelta, adaptado al mundo que presentan, el cuento del Pastorcillo mentiroso. Dan uso de la maestría de Borges para hilar una historia que el espectador siente con muchos hilos subyacentes y que, al salir a la luz (y nunca mejor expresado, pues es la luz la que nos cambia el punto de vista radicalmente) choca, impacta, descoloca e, incluso, provoca arcadas y desesperación.

Teatro laboratorio Lombó, con el mínimo elenco que presenta esta obra (Martín Piola, Roberto..., Natalia Morales) decide rompernos la cabeza, abrirnos el pecho desconsideradamente y plantar en nuestros corazones una semilla de desesperanza ante una situación real y cotidiana, para que cada uno piense lo que tenga que pensar, para que después razone lo que tenga que razonar, pero, sobre todo, para que se vea obligado a sentir y a reaccionar ante lo que delante del espectador sucede en este impactante montaje.

El trabajo físico en escena en el que derivan las tendencias teatrales más contemporáneas lo da todo o no da absolutamente nada y deja el acto teatral en un simulacro. La dirección corporal de estos tres actores desnuda sus entrañas y ofrecen desde sus pechos más de lo que cualquier cirujano podría encontrar dentro de una caja torácica. Con el estridentismo que les caracteriza y una precisión tan milimétrica en los cambios de escenario que en ocasiones les causa dolor y moraduras, ellos lo dan todo.

Autor y Director: Martín Piola. Asesoría artística: Natalia Gabriela Miguel. Asistencia de Dirección: Diana Araújo. Intérpretes: Roberto Jiménez, Natalia Morales, Martín Piola. Música & Sound Consultant: Juan Piola. Canción de Gardel-Lepera. Asistencia Técnica: Antonio Turriago. Fotografía: María Cambón. Vídeo: Diana Araújo. Diseño gráfico: Roberto Jiménez. Duración: 75 min. Producción: "Lombó Teatro Laboratorio de Salamanca". Coproducción: Espacio de Arte Experimental El Gallo.

Aarón Blanco

Artez - La revista de las Artes Escénicas


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