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Jue, Oct

Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

Como comentábamos en la anterior columna, el estudio de la percepción del espectador es importante para conocer su experiencia receptiva desde la butaca y con ese conocimiento saber cómo puede maximizarse. De acuerdo con Gibson y su visión ecológica, leímos una defensa de la percepción que no sucede en el cuerpo del espectador, sino que el espectador hace de manera directa. Siendo así, lo percibido no estaría en él, sino que formaría parte del sistema que incluye a los intérpretes y los objetos a percibir (elementos físicos o no físicos). Con este planteamiento, afirmó que el propósito de la percepción es generar y controlar la acción con la participación de elementos del entorno que llamó affordances u oportunidades de acción o comportamiento. Esto significaría que el percibir del espectador sería el comportamiento de este, que le permite accionar (percibir) de acuerdo con lo que experimenta en su entorno durante la representación.

 

Si bien la idea de Gibson tiene interés en distintos campos, no deja de ser extraño en nuestro ámbito teatral… ¿La percepción no está en quien percibe, sino que viene dado con lo que sería percibido? No parece una idea sencilla de aceptar, de hecho, si mi percepción no me pertenece, la singularidad de la recepción dependería de factores no subjetivos… Puede que no lo entienda bien, pero esta aproximación a la percepción del espectador haría de este, uno estándar, no personal e intransferible… No sé, no me convence. Dentro de la tradición fenomenológica y su acercamiento a las artes escénicas, tiene más sentido conocer a Merleau-Ponty, el gran estudioso de la percepción. En su complicado libro Fenomenología de la percepción afirma que “nada es más difícil de saber que, precisamente, qué es lo que vemos”. Así, a priori, tampoco parece muy lógico afirmar algo así, vaya, yo sé que si veo a un actor caminando por la escena, estoy viendo a un actor caminando por la escena, pero Merleau-Ponty afirmaba que la percepción debe de ser algo directo, no algo indirecto como la adición que se lleva a cabo en mi cabeza en la que una persona encima de un escenario sumado al hecho de que lo vemos moverse da como resultado un actor caminando. En ese percibir de manera directa, la principal tesis de su fenomenología de la percepción es que esta última es esencialmente un proceso corporal, o sea, la antítesis de Gibson. Esta corporeización, decía Merleau-Ponty, va más allá de la percepción, de tal manera que la mente humana debería corporeizarse, algo a lo que bautiza con el término encarnación.

En un proceso de encarnación el espectador percibe con su cuerpo y es consciente con su cuerpo de esa percepción por lo que para Merleau-Ponty, la famosa cuestión cartesiana de separación entre conciencia y cuerpo (res cogitans y res extensa) no describiría el fenómeno de la percepción. Llega a afirmar que la conciencia no está separada de la sustancia que de alguna manera interactúa con el cuerpo mecánico, está esencialmente encarnada. Ser consciente es estar encarnado y por resumirlo con palabras sacadas de su Fenomenología de la percepción, “la unión entre el alma y el cuerpo no se establece a través de un decreto arbitrario que unifica dos términos mutuamente excluyentes, uno sujeto y otro objeto. Se consigue en cada momento en el movimiento de la existencia”.

Lo dicho, esto de la fenomenología, es complicado y parece alejado del teatro, pero podemos extraer conclusiones interesantes para el proceso de la recepción teatral. Según Merleau-Ponty la noción del cuerpo no puede separarse del mundo que lo habita, está abierto a él a través de sus habilidades y hábitos y al estar listo para desarrollar estas habilidades es a lo que llamó “body schema” cuya teoría sería su teoría de la percepción. Quédese el lector con la idea de este sesudo filósofo de que la percepción del espectador está mediada por su cuerpo que está en y hacia su mundo (representación teatral) y esta es una de las bases que le sirvieron a Humberto Maturana y Francisco Varela para inventarse la neurofenomenología… créame, algo que debe conocer. Será en otra columna.