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Mar, Nov

Y no es coña | Carlos Gil

El fútbol lo invade todo. Es una suerte de mancha aceitosa que todo lo va impregnando. Los políticos utilizan frases hechas del mundo del fútbol. La cultura ha estado siempre en la dicotomía: los futboleros confesos y los anti fútbol como principio ideológico. Hablamos de cultura de masas, de opio del pueblo, de épica, de drama, de asuntos identitarios. Se habla de todo, a la vez, aumentando la confusión general, generando un estadio de adhesiones inquebrantables, de proyecciones socio-políticas, de transformación de energías deportivas en puntos de aumento en el PIB. Se dice que el Campeonato del Mundo aporta al país cuya selección lo gana, un aumento de hasta el 0,7% del PIB. Se habla, en estos momentos en los medios de comunicación mucho sobre la marca España debido al éxito de los futbolistas.

Uno que es futbolero practicante, lleva años buscando alguna manera de sacar provecho de todo cuanto se mueve alrededor del fútbol y siempre parto de la misma pregunta: ¿Podrían las Artes Escénicas adoptar alguna de las estrategias del mundo del fútbol para superar estados de crisis o para mejorar sus relaciones con los espectadores? Una cosa parece obvia: en esta sociedad capitalista, los números mandan, y por muchas razones que son bastante fáciles de detectar, el fútbol es el gran negocio televisivo, periodístico, genera imagen, mueve ingentes cantidades de dinero y todo ello crea las sinergias precisas para que siga aumentando globalmente el interés por este deporte convertido, principalmente, en un espectáculo televisivo, pero al que, no nos olvidemos, van a presenciarlo en directo en los campos de fútbol cientos de miles de aficionados y pagando unos precios por las localidades que duplican o triplican el de cualquier entrada para ver espectáculos en los escenarios.

Hay algo que parece muy obvio: si los medios de comunicación insistieran cada día, cada hora, cada segundo en miles de formatos, sobre lo que acontece en el teatro local, regional, estatal, y mundial, probablemente se generarían públicos. Y si nos fijamos un poco, así funciona la parte comercial del teatro: al estar protagonizadas las obras, sean del valor artístico que sean, por famosas y actores de televisión, los medios de comunicación, por una atracción fatal, o por unos intereses comerciales obvios, le prestan una atención que genera el conocimiento de un mayor número de posibles espectadores de la presencia de esa obra, lo que se convierte en unas mejores entadas que a la vez satisface a todo el entramado y consideran que la inversión pública ha cumplido sus objetivos porque ha llegado a un número de espectadores relativamente elevado.

Si siguiéramos en este discurso comercial, que es el predominante en las redes actuales, ¿cómo se podría implementar la afición? Seguramente con planes y convenios con los medios de comunicación, para que se trate con la relevancia necesaria las actividades teatrales en su conjunto. Pero esta misión parece una batalla perdida, ha ganado la desafección, y los medios, con sus crisis económicas, sus recortes de personal y paginación, se perfilan como servidores únicamente de lo que puede generar más lectores o más anunciantes, y en eso la Cultura en general, y las Artes Escénicas en particular, no están al día de hoy con posibilidades de competir.

Y menos lo estarán porque las publicaciones periódicas dedicadas a ello han quedado todavía más desamparadas al excluir el INAEM las ayudas a las mismas, porque en los recortes presupuestarios, siguiendo unos criterios que deberían analizarse con mayor detenimiento, los primeros hachazos han sido en publicidad externa, porque al haber menos programación hay menos hábito, y a la vez, el posible espectador si se ve afectado por la crisis, recorta también en gastos que considera superfluos, o prescindibles, como es el ir al teatro, o al menos baja su frecuencia de asistencia

El fútbol, al igual que la iglesia católica, tiene muy bien delimitado sus categorías. Y si solamente hay una catedral por zona, unas iglesias por barrios y ermitas por villas, en el fútbol la estratificación por categorías es absolutamente clara, y se sabe dónde están los profesionales y donde las categorías que pueden servir de aprendizaje. Y algo muy importante, pese a la convulsión social, existen muchos jóvenes de ambos sexos que se entrenan varios días a la semana y que juegan regularmente los fines de semana y lo hacen de manera voluntaria, amateur, y desde ahí puede ir subiendo de categorías, si tienen talento, suerte o intención de dedicarse a ello. Quizás, para copiar algo de estas estructuras, lo mejor sería prestar la atención necesaria al teatro amateur, que es, una manera muy divertida, formativa, cultural, de usar el tiempo libre; un lugar donde despertar vocaciones y, lo más importante, una inmejorable escuela de espectadores y de lectores de teatro.

Aunque estemos en la prórroga de un parido que seguramente lo vamos a perder, porque las noticias que nos llegan son cada vez más pesimistas, intentemos que dentro de la reorganización imprescindible, pensar en crear algo con fuertes bases y no malgastemos tiempo y dinero en repetir los mismos esquemas que nos han llevado a este no lugar, a este territorio abonado para que todo lo ganado en las últimas décadas se vaya por el sumidero de la falta de legislación que amparen la enseñanza y la práctica de las Artes Escénicas, desde las bases hasta las grades compañías. El teatro, la danza, la música son tan importantes y cohesionan igual o más que el fútbol. Por eso no se pueden dejar en manos exclusivamente de funcionarios con muy poco poso cultural mandados por políticos muy cortos de miras.