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Mar, Nov

Foro fugaz | Enrique Atonal

El público es el pueblo; en democracia es quien elige a sus gobernantes, en el teatro aprueba tendencias, da vida a las vanguardias, conserva autores, alienta modas. El público, elemento fundamental del teatro, poco estudiado, adulado y temido, es la fuerza vital y la razón de ser del espectáculo teatral. 

 

Quita y pone, conserva y elimina, olvida y da fama. Es un enigma y un motor, un enemigo y un estímulo. Hay que analizar a los espectadores para saber cómo es el teatro de una sociedad, dime quién te viene a ver y te diré quien eres. En Francia el espectador medio ama la tradición, la comedia de enredo y el teatro de vaudeville, y en general es adulto mayor. Lo vemos en la programación de muchas compañías, entre ellas la de la Comedie Française que tienen entre sus autores favoritos —después de Molière patrón de la casa— a George Feydeau, (1862-1921) un creativo autor de vaudevilles que murió de sífilis a los 58 años en un manicomio. 

La última puesta en escena de La Comedie Française, compañía gobernada por sus propios miembros, es La puce à l’oreille, de este dramaturgo y es uno de los éxitos de la temporada. La puce a l’oreille, expresión francesa intraducible cuya paráfrasis al español sería: La sospecha, magnífico título para un vaudeville, es una obra cuyos enredos rebasan cualquier lógica. Feydeau es considerado como el rey del vaudeville y hasta ahora su presencia es ineluctable en la escena parisina y francesa. 

Porque Feydeau es el rey del público. Lo atestigua el hecho de que la pieza que se presenta ahora en la Comedie Française bajo la dirección de Lilo Baur, tiene las localidades agotadas hasta el final de la temporada en ¡febrero de 2020!  Es decir que ya no hay boletos para entrar a la sala Richelieu para ver la obra. El público manda y le da vitalidad a estas comedias de enredos y sorpresas al parecer sin sentido. 

¿Insignificantes entuertos entre amantes, maridos cornudos y púdicas mujeres que caen en tentación? Sí, pero estos vaudevilles tienen otra virtud: han liberado a la escena de cualquier lógica, ya que ahí puede ocurrir cualquier hecho, por extravagante que sea, sin que sea necesario justificarlo. Son la puerta a lo que será más tarde el Teatro del Absurdo. Estos de vaudevilles de principios del siglo pasado anuncian La cantante calva, y otras piezas de Ionesco. Anuncian una libertad verbal incontenible, y un amor por la sorpresa. Porque en esta La puce a l’oreille (La sospecha) encontramos una confusión de idiomas en un espacio cerrado, en donde aun el francés es deformado por un personaje incapaz de pronunciar las consonantes, lo que deja un amplio margen para la comicidad del actor. 

Lo que nos enseñan estas obras es que al público le gusta la diversión, irresistible manera de olvidarse. Por eso son vigentes las dinámicas puesta en escena de Faydeau en la Comedie Française, porque el público sale a pasearse, ve sus miserias en tono de burla, la lógica aristotélica queda reducida en cenizas, y lo importante son las absurdas situaciones que vivifican los actores hasta la caída del telón, para culminar la noche en un restorán de la zona.

Porque Feydeau está presente en esta temporada en un importante teatro privado con una versión de La Dama del Maxim otro de los vaudevilles más representados del autor. Estamos en 2019, cien años después estos antecedentes del absurdo siguen vigentes a pesar de sus temas baladíes, ¿por qué? Por obra y gracia del público que incluso está dispuesto a pagar para ver en algunos cines una retrasmisión en directo de lo que ocurre en la Comedie Française, el colmo del absurdo y del teatro reducido a dos dimensiones.