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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

La rueda de la vida teatral sigue girando. Ha dado una vuelta más: Los que nacimos hace un ciclo vamos haciéndonos mayores. Surgen nuevos grupos con el brillo del entusiasmo en los ojos. Te reconoces en la hermandad de ciertas formas y valores. Les auguras futuro, porque tienen el motor propulsor situado en el lugar adecuado para bombear esperanza al desaliento: la sala de entrenamiento.

Una vuelta más de la rueda y un actor de tribu se desgaja de su familia teatral. Emprende camino sin nadie más. Lo imagino como indígena crecido, de pie, en mitad de la selva. Sólo por vez primera. Escuchando por fin los ruidos que surgen de la maleza, ahora que el grupo se llevó tras de sí todos sus sonidos, todos sus gritos, todos sus nombres.

Y aferrado a la rueda, con uñas y dientes, sigue navegando un director al que el mundo teatral trata sin cariño. No vais a poder conmigo, grita silencioso con la cara seria, inasequible al desaliento. Empecinado en cuidar cada detalle con la misma dedicación con la que dota de dignidad a los actores.

Sobre la rueda hay también algunas que hacen malabares. Actrices capaces de tener hasta 6 naranjas en el aire, con tal de seguir creando y amando este oficio desde los escenarios. Acabaron los tiempos de la especialización en los que te dedicabas a exprimir una naranja concreta. Aquí hay que ser Shiva y tener, al menos 8 manos para destilar 9 frutas distintas.

En la rueda de madera hay técnicos de iluminación: Colgados boca abajo iluminan el cotarro asumiendo que son uno más en este barco loco donde todo ya, es a taquilla. Sonidistas, directores, críticos, distribuidores y programadores. Todos viajando en esa gran rueda de carro gigante que viaja sola por la colina. Algunos caen, otros se salvan in extremis. Otros se montan por primera vez como quien sube a un tranvía en San Franciso. Algunos no tienen mano a la que aferrarse. Otros remontan. Y mientras tanto, los artistas de calle haciendo de las suyas, dibujando verticales de tres apoyos bajo la lluvia.