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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Desde 1901 una bombilla ilumina la estación de bomberos de Livermore, California. Lleva encendida más de un siglo y aún no se ha fundido. No piensen que es una excepción. A principios de siglo varios ingenieros demostraron que era posible fabricar dispositivos eléctricos de luz que podían durar décadas. Pero sucedió que, mientras algunos descubrían cómo construir bombillas perennes, a otros se les encendió otra bombilla y se dieron cuenta de que eso de tener objetos útiles para toda la vida no era en absoluto rentable. Desde el punto de vista financiero, construir productos tan buenos que duren eternamente es una mala idea. Mejor elaborar productos peores que se rompan antes y obligar a los benditos consumidores a comprar recambios una y otra vez. De esta manera se mantiene un consumo constante, lo cual permite llenar el bolsillo de las empresas a la misma velocidad que se vacían los de los clientes. Unos lumbreras los economistas que pensaron esto, oigan.

Actualmente la estrategia está oficialmente asumida por multitud de compañías. Lo llaman con el lustroso nombre de "obsolescencia programada", intentando, imagino, disfrazar con tecnicismo lo que es simplemente una burda estafa. Preparen pues sus tragaderas: parte del famoso concepto "I + D" de las empresas, que tan orgullosamente se menta en las altas esferas, se dedica a investigar en cómo acortar la vida útil de los objetos para asegurar la compra permanente de nuevos productos.

La idea de la obsolescencia programada y, sobre todo, la naturalidad con la que ésta se asume en la cadena de consumo, para la cual no hay ninguna ley reguladora, retrata la ideología de la época en la que vivimos. Tiempos en los que la economía se impone a cualquier otra área de conocimiento, la calidad de vida se confunde con la capacidad adquisitiva, la salud depende exclusivamente de sustancias químicas y donde la directora del Fondo Monetario Internacional asegura, sin rasgarse las vestiduras, que el envejecimiento de la población es un riesgo financiero.

Sin intención de que nos cuelen en alguna revista de consumo, y puestos a hablar sobre la ideología implícita que subyace en la forma en la que se tratan los objetos, uno cae en la cuenta de que el arte escénico puede ser, al respecto, una escuela ejemplar. Por un lado, la precariedad material que tan cotidianamente asumimos nos lleva a una cultura de reciclaje que reta a las mentes más ecologistas. Bien sabemos que los objetos de un espectáculo, con mínimos cambios, se pueden reutilizar en siguientes espectáculos, sin que nadie perciba una repetición en la utilería. En este sentido, los objetos en una compañía de teatro tienen más vidas que los gatos. No hay mesa que no se pueda calzar, pantalón que no resista un fruncido, ni máscara que no se pueda pintar con diferente color cada vez. Un objeto tiene que estar completamente desahuciado para que se considere inservible dentro de un contexto teatral.

Pero la cuestión va más allá del ahorro puramente económico. Desde los inicios, uno percibe que el potencial evocador de los objetos en escena está relacionado con su vejez, con la erosión que les produce el tiempo, con la infinidad de huellas que lo cubren escribiendo su memoria. Aparece una maleta de cuero polvorienta en medio del escenario y uno ve el viaje metafórico de un personaje perdido en los meandros de su juventud, el trono de vagabundo, o quizá el ataúd de un Godot contemporáneo. Aparece una maleta moderna con ruedas en el escenario, y uno sólo ve eso: una maleta con ruedas y, a lo sumo, un aeropuerto. Mi parte prosaica me susurra un ejemplo más simplón: es muchísimo más probable encontrar algo teatralmente sugerente entre los escombros que en Ikea.

Por eso, es frecuente ver a artistas de la escena mirando de reojo en las basuras, rastreando en el último rincón de una tienda de segunda mano o husmeando en el armario de un amigo que se muda. Lo hacen ahora y lo hacían entonces, cuando la economía, dicen, era boyante.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€