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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

En el cielo de Wroclaw hay cientos de golondrinas volando de acá para allá. Es un espectáculo que puede robarte el aliento y hacerte perder el sentido del tiempo. Sobre todo, si has estado trabajando ciertas cosas durante el día con unos señores que se llaman Teatr Piesn Kosla, el Canto de la Cabra. Su anagrama consta de dos cabras, una dorada y una azul noche, que están de manos, como los caballos, entrelazados sus cuernos, en una actitud de combate y de lucha que tiene mucho de potencial abrazo escondido. Como cuando ves a dos gatitos o dos perros enzarzados en una buena pelea de juego. Así juegan al teatro estas gentes de la Cabra.

Trabajan con lo sutil. Lo sutil es una bella palabra para designar todo aquello que tiene que ver con el alma, el ala de la mariposa, el suspiro al viento. También con la tierra y los ancestros. Una vez que se toca, es muy claro. Cristalino, como las aguas de un lago. Tiene que ver con la intimidad profunda que habita en todo ser humano. El actor conecta con este temblor vital, y después, lo muestra al público. En eso consiste su tarea: en dejar que el espectador vea.

¿Cómo ve el espectador? Gracias a que el actor expresa, es decir, lanza al mundo, lo que tiene en su interior. ¿Cómo saber lo que uno tiene en su interior? Conectando con las sensaciones corporales. ¿Cómo conectar con las sensaciones corporales? A través de la respiración: Los deseos viven en el futuro. Los recuerdos en el pasado, pero la respiración ocurre aquí y ahora. Mediante la respiración uno puede conectar la cámara de visión interior y hacer un viaje por los adentros corporales para localizar las sensaciones o puntos de tensiones que nos habitan.

Toda sensación corporal lleva asociado un sentimiento. Ese sentimiento puede ser miedo, ira, orgullo, alegría profunda o tristeza infinita... Toda sensación corporal lleva de la mano una emoción. Mediante la respiración, podemos liberar dicha emoción, descargarla y enviarla al mundo. Escuchen, escuchen, escúchense. Cierren los ojos por un momento, respiren adentro. Suelten el aire poquico a poco. Liberen miedos, culpa, años de encogimiento. ¡Crezcan, carajo! Permitan que su espina se alargue hacia el cielo, ablanden y muestren el pecho. Alcen los ojos. Admiren, disfruten: hay cientos de aves bailando en el cielo.