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Lun, Dic

La voz antigua | Maite Tarazona

Una cucaracha, el silencio posterior a la sorpresa, se cierra la puerta, la cierro, respiro y pienso, la abro de nuevo; parada, petrificada, ante la luz de los focos, sigue allí, invisible en su quietud, me mira, la miro, nos miramos, cierro la puerta, de nuevo, yo. Se abre, de nuevo, la puerta, perfecciono mi técnica, la cojo, la recojo, la echo a volar, ellas, vuelan, si, las cucarachas, y trepan, y suben por las paredes y corren por los brazos mientras se oye un grito resonar, yo, el mío, mi grito, mientras la cucaracha tras mis manos salta por la ventana.

Dos cucarachas, opuestas direcciones, corremos las dos, las tres, por la habitación, una detrás de otra, una, dos, ellas, yo, las cucarachas y yo, perfecciono mi técnica, una, dos, vuelan, saliendo, por la ventana, volando, ya no resuena el grito; una, dos, ellas y yo.

Se abre la puerta, en la quietud, no resuenan, sus pasos, los de ellas, su rumor, los míos se amortiguan, en la caza, hoy no.

Hoy tampoco, ni mañana, ni al otro, tampoco, no, bajamos la guardia, las cucarachas y yo, ya no abrimos la puerta, con cuidado, no.

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete,..., trece cucarachas, no hay grito, solo estupor, no salir, corriendo, el delirio de la caza, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete,..., trece, cucarachas, salen volando por la ventana, perfecciono mi técnica, se oye de nuevo el grito, no es rumor, la última no voló.

Un golpe, en la ventana, madrugada, de nuevo el estupor, me incorporo ante el ruido, es golpe, no es rumor.

No son ellas, no es un rumor, es golpe y aleteo aquel rumor.

Y Kafka resuena on the shore.

Tras la realidad está el sueño y el pájaro voló.

Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete...trece, cucarachas, y un pájaro que voló.