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19
Lun, Ago

Página en blanco | Miguel Ángel Pérez

En los cuatro artículos anteriores he tratado de hacer ver al lector la diferencia y convivencia de organizaciones que operan "profesionalmente" en las artes escénicas europeas en base a las negociaciones de los diferentes tratados de adhesión de cada país a la UE (en España 1986). Así vemos como en Francia conviven empresas al uso con grandes asociaciones, muy profesionalizadas, que usan también voluntarios ocasionales ( art. 2). Gran Bretaña aportó su modelo propio: las "charities" ( art. 3), en Alemania, Italia, Portugal y España existen fundaciones ( art.4) de particulares y de empresas o entidades financieras. Algunas de estas fundaciones solo financian proyectos de terceros y otras buscan financiación para sus propios proyectos, las culturales, por ejemplo.

Todas ellas operan en pie de igualdad, en sus países, con las "empresas tradicionales" heredadas de la primera revolución industrial en Inglaterra y que, muy perfeccionadas, han llegado a nuestros días. El caso español es un poco atípico, pues con nuestra tardía integración en la UE estamos usando solo una de estas modalidades –la empresa- para la gestión profesional de las artes escénicas y la música. No todos los entornos económicos, sociales, políticos y fiscales son favorables a esta modalidad. En la actualidad, claramente, las empresas escénicas españolas se encuentra en desventaja respecto a organizaciones profesionales del resto de Europa: charities, asociaciones, fundaciones, con unas ventajas fiscales que aquí no tenemos.

Quizá hemos querido quemar etapas y cuando las condiciones económicas no son tan favorables se nos descosen unos hilvanes rápidos, inmaduros. Un ejemplo: el empleo individual, autónomo, freelance, independiente, intermitente...algo sobre lo que, en España, hemos reflexionado muy poco. Ahí va mi contribución.

Voy a empezar por una de las formas más antiguas, pues data de los años treinta en Francia: trabajadores intermitentes de los sectores escénicos, musicales y audiovisuales, tanto técnicos como artísticos. Son trabajadores por "cuenta ajena", son otros quienes organizan sus tareas por las que reciben un salario. Los empleadores pagan a través de una mutua privada las contribuciones sociales (equivalente a nuestro IRPF y seguridad social) mediante una retención del 25% del salario y estas generan unos derechos económicos en los periodos de desempleo. Últimamente se han querido reducir tanto esos derechos que los "intermitentes" , en pelotas, han protestado ante la misma ministra de cultura gala. En verano – grandes festivales y giras- han llegado a ser un millón de empleados. Los salarios de estos intermitentes- como en el resto de Europa en el mundo de la cultura- son más bajos, por lo que generan menos recursos disponibles posteriormente, algo de lo que se quejan los gestores de las grandes cifras.

En otros países pasan otras cosas: trabajadores freelance e independientes en Gran Bretaña y mundo anglosajón y trabajadores autónomos en Alemania, Portugal, España.

El modelo anglosajón es paradigmático: existe una gran tradición de trabajo independiente en la cultura. Quizá sea en la música, la literatura y las artes visuales donde estén más extendidos. El teatro y la danza se organizan un poco a la manera continental-francesa. Los músicos y los oficios técnicos y de gestión asociados son, en muchas ocasiones, independientes, organizan su trabajo y responden individualmente ante sus respectivos departamentos de Hacienda y Seguridad Social. Ellos controlan sus "ingresos" y "gastos" y cotizan en base a sus "beneficios". Las cotizaciones, obviamente, son menores. Un ejemplo, el coste de seguridad social mínimo en GB es de 10 Libras mes, unos 15 euros, frente al mínimo de 100 euros mes en España, para quienes se benefician de la llamada "tarifa plana". En GB existe, además, una cierta tradición de trabajo "en casa", a distancia, online, frente a la "presencia en el puesto de trabajo" dominante en el sur de Europa. No se perciben derechos económicos en periodos de falta de actividad, si algunos beneficios sociales y económicos. Devengan IVA (VAT) en función de la cuantía de su facturación, hay un primer tramo de ingresos anuales excluidos.

En Alemania y España pasan cosas parecidas. Existen los trabajadores autónomos en las artes escénicas tanto en los niveles técnicos como de producción y gestión, menor en los artístico-creativos, aunque en ambos lugares va creciendo. Se cotiza por renta y seguridad social, aunque en cuantía algo menor en Alemania y se devenga IVA. Todo en cuantías menores que las de España, por tramos de ingresos y las deducciones por circunstancias familiares –bajas de maternidad/paternidad- y profesionales –gastos asociados a la actividad- son mayores. La abismal diferencia de actividad cultural entre los dos países hace atractiva en Alemania una actividad profesional –autónomo- desaconsejable en el sur (Portugal, España).

Aquí, en el sur, aunque al autónomo nos le "vendan" como "emprendedor" y arropado de glamour, no deja de ser una de las capas más vulnerables del autoempleo. Las cargas fiscales sobre los autónomos fueron calificadas de "cuasi-expropiatorias" por algunas organizaciones profesionales y tribunales de justicia, algo a todas luces inconstitucional contra lo que NO se revelan con suficiente fuerza las organizaciones que les agrupan.

Juzguen si no: sobre el precio final de una factura penden el IVA (21%) retención de IRPF (21% o 15% desde julio) Seguridad Social (mínimo casi 300 e/mes) los gastos asociados a la actividad, costes financieros por la demora en los pagos, todo en un escenario de precios muy ajustados, hacen de esta modalidad algo poco atractivo para el ejercicio profesional en la cultura. En estos momentos, que yo sepa, tanto CCOO como Podemos, tienen secciones de autónomos federados, además de las tradicionales, ATA. Etc. Sale a cuenta NO trabajar, que es justo lo que quiere el PP.

Un panorama muy sombrío que se une al del resto de la cultura en el sur de Europa, castigada en el reparto de la riqueza y el empleo en este orden mundial neocon que ya está mereciendo un segundo Nuremberg.

¿Perspectivas? Hoy por hoy, como el libro de Samuel Beckett: Rumbo a Peor.

M A Pérez Martín