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Mar, Feb

Página en blanco | Miguel Ángel Pérez

LEn el artículo (1) de esta serie trataba de hacer llegar a la profesión española la complejidad de un tema que tiene en cada estado una formulación distinta en base a su sustrato social, político y cultural. Lo que en España se puso en marcha en 1978 llevaba funcionando en muchos países desde 1945, el final de la II Guerra Mundial. Muchos países en los sesenta y setenta tenían unas perspectivas de integración en Europa que aquí solo se pudieron tener en cuenta en los ochenta. El tratado se negoció con prisas –no digo que mal- y dejamos demasiados cabos sueltos en muchos temas, en la cultura, claramente respecto al IVA aplicable y el estatus jurídico de las organizaciones susceptibles de recibir ayudas dignas de ese nombre - las famosas subvenciones- aunque no es lo mismo una y otra cosa. Básicamente aquí se reciben "ayudas contra las pérdidas" ocasionadas por la actividad. Las subvenciones son desembolsos públicos para impulsar una actividad, por ejemplo en la industria el diseño de un prototipo o un plan de fabricación. Al margen de que la organización que lo recibe, luego, gane o pierda.

¿Cómo son estas organizaciones fuera de España? Hay cuatro grandes formulaciones jurídicas: asociaciones sin ánimo de lucro, fundaciones culturales, "charities" y empresas. En muchos lugares coexisten las cuatro en vida cultural profesional.

Además cada una de ellas corresponden a estados o conjunto de estados diferentes, por ejemplo: nos encontramos con la fórmula asociativa generalizada en Francia, las fundaciones en Italia, Alemania y Portugal, las "charities" en Gran Bretaña y los países de influencia británica –nórdicos- y las empresas, de forma generalizada, en España.

Detallo un poco más, aunque en sucesivos artículos desgranaré estas fórmulas en detalle, con sus ventajas e inconvenientes.

Las asociaciones culturales francesas: son los grandes agentes culturales privados en convivencia con empresas culturales. Las dos organizaciones operan tanto en la producción de espectáculos como en la distribución y exhibición. Las asociaciones tienen una base territorial – prefecturas, regiones- más fuerte que las propias empresas (que tienden a la itinerancia, en la producción y exhibición, el las técnicas escénicas) y son las encargadas de campañas culturales, organización de festivales y eventos culturales en los territorios en las que están implantadas. Las asociaciones tienen una junta directiva de personalidades notables en materia cultural y una base de personal asalariado y voluntario trabajando conjuntamente. Algunas producen espectáculos otras no, pero todas tienen plena capacidad operativa y responsabilidad sobre sus actividades. Llevan muchos años trabajando en red, como sabemos por "Acción Artística Francesa" y lideran muchos proyectos europeos en materia cultural y de cooperación transfronteriza. Obviamente se obtienen ingresos, se pagan salarios y los remanentes van a nuevos proyectos, no se reparten entre los socios. Pueden ser declaradas de utilidad social y pública, como en España.

En Italia, Alemania y Portugal las fundaciones son una fórmula muy extendida, como herencia de un pasado empresarial e industrial (Alemania e Italia) y la ausencia de un ministerio de cultura en Portugal bajo la dictadura, con la implantación en Lisboa de la Fundación Gulbenkian (Lisboa-Londres) operando como verdadero ministerio en décadas.

Las fundaciones son organizaciones más complejas de poner en marcha y mantener. Suponen la puesta de un patrimonio al servicio de un objetivo cultural por parte de los patronos y no todo ese patrimonio se emplea en la organización de actividades, hay parte que puede tener un funcionamiento financiero-bancario o comercial. Las fundaciones pueden ser propietarias de empresas –tiendas de museos, teatros- con lo que se aumenta el patrimonio. La regulación es muy cicatera fiscalmente en España y más generosa en Italia, Portugal, Alemania. Muchos proyectos artísticos y culturales allí nacen directamente como fundaciones –danza, música, teatro, artes plásticas-. El patrimonio a disposición de la actividad debe estar acorde a los objetivos más o menos ambiciosos que planteen los patronos. El "patronato" es una especie de consejo de administración de estas organizaciones. Tiene una capacidad operativa total y además, pueden recibir apoyo de otras empresas, un banco por ejemplo, y de las administraciones. Muchas de ellas son fundaciones de empresa, y el dinero empleado desgrava, lo mismo que el de los particulares, por eso están fuertemente escrutadas.

El tercer caso es el de las "charities" británicas. Surgen a finales del XIX y su nombre lo dice todo: organizaciones caritativas. Comienzan en el campo de la sanidad y la educación y pasan a la cultura después de la II Guerra Mundial. Son un "trust", una organización de al menos tres personas que ponen un patrimonio al servicio de un bien social –educativo, sanitario, cultural- pero tienen una organización profesional que gestiona toda la actividad: gerencia, direcciones, personal, voluntarios...son miles y tienen un carácter más focalizado en un aspecto: creación, producción, exhibición, promoción. Coexisten con empresas culturales que tienen un carácter más generalista y diversificado en cuanto a su actividad y territorio de influencia, pero en un número menor. Esta idea se está extendiendo al universo anglosajón –Canadá, USA, Australia- y a muchos países nórdicos europeos. Reciben ayudas públicas de su país. Un ejemplo muy conocido es la Royal Shakespeare Company, privada pero con gran apoyo público.

Y acabo con la anomalía española. Poca tradición asociativa hasta los ochenta debido a las trabas impuestas por la regulación de la Ley Fraga de 1964. Mejorada en años sucesivos en base a normativas precisas, pero derogada y revisada totalmente en 2002...como quien dice, ayer mismo. Ante este vacío legal el "negociador" con la UE pensó en la fórmula empresarial como la adecuada en 1984-85 y se firma el tratado de adhesión. Régimen laboral y fiscal como el resto de las empresas, les da lo mismo un mimo que la Ford de Almusafes...IVA general, impuesto de sociedades sobre beneficios, retenciones de IRPF como el resto de las empresas pese a la estacionalidad del trabajo cultural, seguridad social en doble régimen: general y artistas. Solo estas organizaciones reciben cantidades razonables como ayudas públicas y en ocasiones solo las empresas pueden ser contratadas por las administraciones y acceder a contratas públicas. Cuando ha habido recursos suficientes nadie lo veía mal, pero al empezar las complicaciones empiezan las lamentaciones: IVA en aumento, impagos de seguridad social, retención de IRPF sobre las dietas, falta de financiación a medio/largo plazo, impagos de facturas y problemas con los bancos. Con el agravante de que tanto asociaciones como fundaciones y charities pueden además recibir fondos de otras empresas (bancos, fundaciones) pero las empresas culturales españolas no, por lo tanto tienen un más difícil acceso al mecenazgo empresarial.

Se quiso resolver de forma rápida un problema pero se ha generado uno mayor, ya que por inercia muchos creadores y productores escénicos no estudian otras fórmulas: fundaciones, grandes asociaciones con socios y empleados (como en otros ámbitos Cruz Roja, ONCE), grupos empresariales por fusión de empresas menores – buscando economías de escala-. Los creadores escénicos y culturales son empresarios sin vocación en la mayoría de los casos. Esto supondría cambiar regulaciones y normativas, pero si somos capaces de cambiar la constitución en una tarde ¿no vamos a poder actualizar nuestro sistema escénico en unos meses?

¡Pues a ello!..nos jugamos el futuro.

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