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Lun, May

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Desde que tengo consciencia, he creído en una especie de ley del equilibrio humano, ese del cual nos valemos para caminar por la cuerda floja en el que nos movemos de por vida.

La incertidumbre del día a día, aunque tratemos de obviarla, siempre existió, existe y existirá.

Al igual que en esa cuerda, constantemente oscilaremos de un lado para el otro. Idealmente la inestabilidad será leve porque con la época de excesos de nuestra juventud habremos aprendido a tener la capacidad para reaccionar y corregir el movimiento antes de que el desequilibrio se vuelva prácticamente incontrolable, pero de vez en cuando, a pesar de todos nuestros esfuerzos, no estaremos exentos de la probabilidad de caer, incluso estrepitosamente.

En esos momentos de descontrol, cuando todo se vaya hacia un lado, sea este positivo o negativo, no debemos olvidar que mientras más nos inclinemos hacia un lado, más deberemos contrarrestar hacia el otro lado para no caer, y si nosotros no lo hacemos, indefectiblemente la vida tarde o temprano se encargará de hacerlo.

Está sobradamente comprobado que afortunadamente para nosotros, lo malo no puede ser eterno pero desgraciadamente, lo bueno también termina.

¿Cuantos personajes emblemáticos quienes creímos en algún momento con una vida plena no terminaron suicidándose en el abandono de una habitación de hotel?

¿Y cuantos de aquellos que creímos desdichados, no nos han regalado una sonrisa sincera que nos ha llenado de paz interior?

Por supuesto debemos celebrar todos y cada uno de nuestros logros pero sin olvidar la humildad que nos advierte sobre la posibilidad de un futuro fracaso.

Y si nos encontramos en la desesperanza de una desdicha, no debemos olvidar la esperanza de un futuro mejor.

Al estar en la cresta de la ola podremos caer y una vez en el fondo, solo podremos salir a flote para volver a remontar y volver a bajar. Solo este movimiento es perpetuo.

Lo peor es quedarnos en uno de los lados de este equilibrio inestable, ya sea creyéndonos inmortales todo poderosos o unos completamente fracasados.

Lo mejor es tratar, en la medida de lo posible, de permanecer centrados para no caer en la ceguera de las posibles oscilaciones, esas que siempre existirán.

Es difícil llegar a ser el equilibrista circense que termina haciendo de su caminar sobre el vacío una tarea aparentemente fácil y solo por dar emoción, finge un desequilibrio que rápidamente controla, ayudado por lo general de una pértiga que sostiene con seguridad.

Encontrar esa pértiga de la cual servirnos para encontrar el equilibrio necesario en nuestras vidas, es un gran desafío, difícil pero no imposible.

Algunos lo han logrado ¿por qué nosotros no?

Sin temor a equivocarme, desde los simples afectos hasta el más profundo de los amores, son la ayuda que necesitamos para seguir caminando por la cuerda floja de la vida, con la seguridad de no caer jamás. Y si lo hacemos, la red de seguridad formada por las relaciones que hemos ido generando, nos salvará de un final desastroso.

Aunque no lo sea pero a veces parezca un circo, el show debe continuar.