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Vie, Mar

Y no es coña | Carlos Gil

Considero que es un buen entretenimiento ir haciendo listas de las diez mejores actrices, los diez mejores montajes o las mejores programaciones. Es un ritual que no compromete en exceso y que deja a los señalados con un buen ánimo y a los olvidados en el mismo lugar que estaban antes del fin de año, y en el que estarán, probablemente, en el año que nos espera y en los próximos.

Las lisitas por votación popular, las que hacen los lectores de un medio, las que elaboran los críticos o redactores de una sección de cultura de un medio o de una revista especializada tiene un valor diferente. En algunos casos, especialmente las que se otorgan por esa proliferación de blogs unipersonales, uno siente cierto rubor. Parecen las listas de los listos o listillos que buscan hacerse un hueco, ahuecándose ante los que quieren que sean sus amigos. Es una buena manera de empezar a ser inane: no tener un rigor selectivo, tener ausencias, falta de memoria, señalar solamente a los suyos o más cercanos o a los de siempre para no desentonar.

Aunque la tarea es ciclópea, porque vamos a ver, ¿puede un ser humano normal ver todo lo que le ofrece, por ejemplo en la cartelera madrileña? ¿Y si se quiere abarcar todo el Estado español, quién, cómo, en cuántas vidas puede tener noticia de la mitad de la mitad de lo que se programa o estrena cada año? Los datos son muy contundentes. Y es una tarea ímproba,. Lo dice alguien que se ve entre doscientos cincuenta y trescientos espectáculos de teatro, danza, musicales, performances y otras actividades escénicas al año.

Es decir las listas son siempre limitadas, circunstanciales y en muchas ocasiones se tira al bulto, a lo que ha salido mucho en los medios predominantes, lo que se anuncia, se vende, se promociona y se jalea. Es difícil que aparezcan en esas listas espectáculos de salas recién abiertas, de compañías incipientes, aunque puedan ser los únicos puntos de auténtica novedad y de creación pura que apunten signos de renovación y de búsqueda.

Nos movemos en unos parámetros, en unos círculos concéntricos, algunos más amplios, otros más reducidos y podemos opinar de lo que vemos en esa limitación, lógica por otra parte. Por ello han que tomarse estas listas de los diez mejores como una tradición recién instaurada, que probablemente cuajará, ya que los que aparecen ahí, en los primeros puestos, se encargan de propagar su felicidad por las redes sociales, que se han convertido en la plataforma más habitual de divulgación de estas listas.

Así que hay cosas que no se pueden parar, que seguramente son inocuas, y que nos da para escribir estas líneas, felicitar a todos los que encabezan esos listados y de paso desearles que el año próximo sea algo más propicio para las Artes Escénicas en general. Un deseo me viene ahora como importante: que se acaben con las listas negras. Sí, existen listas negras. O grises. Existe demasiado control administrativo, demasiado filtro cercano a los políticos en todos los niveles del proceso, un tejido que protege a los grandes y deja siempre desamparados a los chicos. Lo del IVA se lo dejo a Daniel Martínez, que se puso al frente de esta empresa desde el primer momento con conversaciones al más alto nivel.

Esperemos que no crezcan los listados de caídos por el camino, en el sentido literal, de muertos que nos dejan vacíos irremplazables, como de desaparición de grupos, compañías, festivales, programaciones o salas.

Y que Viva el Teatro.

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