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Lun, Dic

La voz antigua | Maite Tarazona

Según el Instituto Astronómico Nacional el inicio astronómico del otoño de 2015 tendrá lugar el 23 de Septiembre a las 10h 21m hora peninsular.

Siempre pensé que el otoño comenzaría, poéticamente, cada 21 de septiembre, pasase lo que pasase, que la igualdad de la noche y el día del equinoccio otoñal siempre tendría lugar en el mismo momento en el mismo lugar en todos los lugares al mismo tiempo, hemisferios mediante; pero la naturaleza tiene sus derivas más allá de las fechas fijas que le otorguemos para asegurarnos que su repetición precisa nos consuele del paso del tiempo. El 21 es el 22 y a veces el 23 como nos indica ahora el Instituto Astronómico Nacional.

Siempre pensé que el otoño contendría, poéticamente, todos los matices posibles de la luz y que sus colores viajarían por el bosque ensortijados en los cuernos de los ciervos transportados por los bramidos de la berrea.

Siempre pensé que el otoño sería olor a libros nuevos o prestados, pero olor, al fin y al cabo a libros, que llenarían las mochilas que uno acarrearía a la espalda, como quien lleva un tesoro, a la escuela paraíso o cárcel.

Pero crecí y los libros dejaron de ser inicios de curso para ser herramientas de trabajo.

No sé si a vosotros os pasa, a mi sí.

Todos los años en otoño, me reinicio.

Como un programa a la espera de una nueva actualización.

No es consciente, solo, pasa; aun intentándolo, no consigo empezar el año en enero, enero es un mero trámite para poder acoplarse a un mundo que mide los años en doce meses que comienzan en invierno tras un desborde de uvas y champán.

El año, para mí, comienza con el cambio de luz que se tamiza en rojo en las hojas que caen de los árboles, el año comienza con el abrazo-brisa-cuchillo que ya empieza a oler a frío.

Ese es el verdadero principio, el resto es solo un trámite, ¿por qué?, no lo sé.

Como tampoco sé porque en otoño nos entra esa fiebre por hacer cursos y cursillos, por empezar nuevas dietas y gimnasios, por acabar cosas inacabadas que esta vez, sí, terminaremos de una vez; entramos en esa fiebre o esa fiebre nos entra, y aun sin ser conscientes, nos vemos arrollados por ese mini torbellino de renovación, quizás para prepararnos para un invierno en el que a veces, pasar, no pasa nada.

Porque todo pasa en otoño, todo pasa en primavera, todo pasa en verano, y hay veces que en invierno también hay cosas que no dejan de pasar, porque cosas siempre pasan, solo es cuestión de dejarlas pasar.

Después de las calles, del verano, llegarán las salas y la luz del sol se transformará en focos que nos iluminaran la cara dejando en sombra el patio de butacas.