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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz
En alguna ocasión hemos hablado en esta misma esquina sobre la palabra "serendipity", el término inglés sin equivalente en castellano que sirve para denominar los descubrimientos que acontecen por azar, ¿se acuerdan? Pues resulta que esta semana, por casualidad -¡Cómo iba a ser si no!-, he descubierto el origen de la palabreja. La verdad que hoy tocaba asomarse a otro tema, pero como a veces a uno le gusta sentirse guiñado por el destino, he cambiado de opinión y prefiero compartir con ustedes este pequeño descubrimiento accidental.

Según dicen el origen del vocablo está en un antiguo cuento persa. Es la historia de tres príncipes que encontraron un camino con huellas de animal y donde la hierba permanecía intacta en su parte derecha, aquella que daba al río. Al observar con perspicacia, los príncipes dedujeron que el animal era un camello tuerto del ojo derecho (pues no había visto la apetitosa hierba que resplandecía por ese parte) y que le falta algún diente (había hierba masticada involuntariamente caída en la parte izquierda). Concluyeron también que era cojo de la pata trasera izquierda (las huellas de ese lado eran claramente más leves) y que llevaba una carga de miel y mantequilla (unas hormigas y abejas se estaban dando un festín con lo que involuntariamente se había derramado). El camello además debía llevar a sus lomos a una mujer embarazada, pues había huellas de unos pies y de dos palmas cerca del río junto al rastro de unos orines, lo que indicaba que la mujer necesitaba sujetar su cuerpo con sus manos para orinar. Al llegar a la ciudad, los tres príncipes se toparon con un mercader enloquecido gritando que su mujer y su camello habían desaparecido. Sagaces y prepotentes, el trío describió al mercader lo que acababan de deducir en aquel camino, señalándole el lugar donde posiblemente habría ocurrido el percance. Maldita casualidad sin embargo que los vecinos habían visto a tres ladrones acosando a su mujer y su camello. Y claro, tantos detalles tenían los tres príncipes sobre el animal y la esposa que todos los tomaron por los ladrones y, en consecuencia, fueron condenados a muerte. Por fortuna para ellos, justo antes de que se culminará la condena apareció la mujer y salvaron su vida en el último instante.

El relato sucede en Serendip, la hoy llamada Sri Lanka, y es del nombre de esa ciudad y gracias a ese cuento de casualidades que hoy los ingleses tienen la palabra "serendipity". Como ya comentamos en su día, la ciencia no sería lo mismo sin ella, pues pese a que es un área donde se intentan controlar todas las condiciones y no dejar nada en manos del azar, son numerosos los descubrimientos científicos que se deben a accidentes. El más famoso, como ya sabrán, es el de la penicilina.

Pero si la casualidad, aunque no se quiera, es parte fundamental en la ciencia, qué decir del arte, que sólo deja guiarse por vientos imprevisibles que empujan a contrapié, a contracorazón, a contracerebro. Si para un pesimista el azar es la lógica imparable que guarda toda desgracia, ¿qué es entonces el azar para un artista? ¿Una perturbación que nubla sus ideas? ¿O tal vez un fragmento de tiempo suspendido donde las piezas pueden reorganizarse siguiendo leyes nunca escritas? ¿Es quizá la grieta que se abre en la técnica y por donde asoma por fin una creatividad diáfana? Recuerdo ciertos creadores que he conocido y me parece que su talento no reposa en los años de formación tozudamente acumulados, sino en cómo resuelven las circunstancias accidentales que torpedean su camino, en cómo manejan a su favor la ciencia inexacta de la casualidad.

Pensemos un momento fríamente. Generalmente sólo cuando un espectáculo se acerca al estreno es cuando acaba por concretar su estructura definitiva. Es decir, el proceso previo de creación es fundamentalmente improvisación, en todas las múltiples formas que ésta puede adquirir. Los creadores pasan la mayor parte de su tiempo haciendo equilibrios en la estrecha cuerda del imprevisto, del accidente, de la sorpresa permanente. Sobreviven en un mundo donde el azar tiene aparentemente el mando. A los ojos de los demás sin embargo, parece que son ellos quienes tienen cogidos al azar por el mango. Aunque no hayan oído nunca la palabra "serendipity", conocen bien su hechizo. Su destreza puede parecer mera casualidad, pero en realidad es técnica. La técnica de saber jugar a los dados con lo imprevisible y salir siempre ganando.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€