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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Cuando el reconocimiento internacional finalmente le colmó los bolsillos, el pintor impresionista Claude Monet adquirió una hermosa casa en Giverny, una localidad a las afueras de París. Allí construyó un puente japonés sobre un estanque plagado de nenúfares. Para su deleite y para sorpresa de los demás, desde entonces hasta el final de sus días Monet pintó una y otra vez el mismo paisaje: los nenúfares flotando en el agua de su jardín. La pregunta parecía obvia: “¿Pero, no se aburre usted pintando siempre el mismo paisaje?”. A la cual Monet respondía, imagino que con un rictus entre la sorpresa y la burla: “¿El mismo paisaje? Lo que yo pinto es la luz sobre los nenúfares, y ésta cambia rápidamente. Necesito entrenar mi destreza para plasmar en un cuadro un paisaje que muta cada diez minutos”.

Este salto aparentemente inalcanzable entre lo que se ve y se pinta, quedó admirablemente plasmado en la película “El sol del membrillo”, de Víctor Erice. A medio camino entre el documental y la ficción, el filme refleja la lucha de Antonio López por pintar el membrillero de su casa. El ciclo vital de los frutos del árbol evoluciona lentamente, pero la minuciosidad del pintor hace finalmente imposible capturar una imagen fija del árbol en su plenitud.

Quienes piensan el pensar, los filósofos, ven en esta capacidad de zambullirse en un proceso creativo aparentemente anodino, un ejemplo de sabiduría vital. Donde el resto sólo palpa aburrimiento, estos artistas hacen de la creación un abismo de pasión por donde caerse y dejarse perder. Lo que les importa no es el cuadro, es el proceso de pintar el cuadro. Importa más el viaje que la meta. O como dirían los pensadores del pensar: la vida arde en el fuego de lo que se está cocinando, y no degustando lo cocinado.

Esta última metáfora es lo que literalmente le pasaba a la perra de otro pensador del pensar, Eduardo Punset. El escritor catalán observó que su perra brincaba de alegría cuando detectaba que le iba a dar de comer, pero, tan pronto como se ponía a comer, su excitación se apagaba súbitamente. La perra era más feliz en la búsqueda de la comida que comiendo. Punset concluye: “La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad”[1]. Llevando esta frase a las creaciones de Monet y de López, podríamos decir que el arte está escondido en el proceso.

Deslizándonos por estos vericuetos, me asalta la pregunta: “Y en teatro... ¿Cuándo damos por finalizada la creación de un espectáculo?”. Pienso en la necesidad de los actores y directores, mujeres y hombres, por definir herméticamente las coordenadas de un espectáculo, en su reticencia a cambiar cualquier aspecto de la obra que ya se ha asentado tras múltiples repeticiones. Parece razonable: ha de llegar un momento donde el proceso creativo debe concluir. Y sin embargo, tengo la impresión de que un espectáculo se asemeja a un organismo vivo, por cuanto a medida que cambia, se desarrolla y crece, va necesitando nuevos cuidados. Ello no significa que haya que reinventar forzadamente el espectáculo cada vez, ni que haya que buscar cambios obligatoriamente, ni tampoco que todo lo anterior sea desechable por inválido. Significa que, si el espectáculo permanece vivo en quienes lo hacen, necesitará ajustes, grandes o pequeños, para que pueda evolucionar. O, como diría Monet, significa que la luz de los nenúfares ha cambiado.



[1] Punset, Eduardo. El viaje de la felicidad. Las nuevas claves científicas. Ediciones Destino, Barcelona, 2009.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€