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Dom, Ago

Y no es coña | Carlos Gil

De todas las maneras que se quiera explicar, existen diferentes tribus y gremios que conforman la actual estructura operativa de las artes escénicas. La primera cita anual de una parte del negocio se realiza en MadFeria, la feria de Madrid.  Noto que la angustia ha quedado aparcada, ya no es el asunto principal de las conversaciones la situación económica. No se habla mucho del IVA, que ha sido cambiado a favor del gremio, aunque no de manera general, sino con matices. Además, insisto, estamos en campaña electoral a las municipales y eso siempre se nota en una actitud más espléndida de los responsables culturales de las instituciones. Hay que aprovechar el tirón, por si a alguien le da por asentar esos presupuestos de manera ordinaria. Porque escuché a alguien decir con emoción: los reflejos te sientan bien.

Esta Feria es una de las que más veces me he saltado por coincidir con Santiago a Mil y Santiago Off. Este año he vuelto a pasear por las salas del Matadero, las que están un poco secuestradas por una gestión aparentemente de vanguardia que a casi nadie le interesa y con uno de los lugares fundamentales, el bar donde se podía comer algo, cerrado, aquello se resiente. Pero lo primero que uno debe reseñar es que hay un evidente cambio generacional. Se están incorporando nuevas personas, con buena formación, en los lugares de gestión. Y el número de mujeres que acceden a estas responsabilidades crece, lo que es una plasmación positiva de los cambios sociales y culturales que se van produciendo.

Asistí a una de las mesas organizadas por la activa ADGAE (Asociación de Empresas de Distribución y Gestión de las Artes Escénicas) y escuché una de las frases que me ayudan a reafirmarme en alguna de mis dudas sobre la eficacia, la realidad, los estratos de producción y distribución existentes, o dicho de otra manera, los rangos o clases, que se podrían definir por el coste o por la composición de la parte artística. No es fácil, pero algún día sería bueno pensar sobre esta situación, aunque supongo que alguien lo habrá pensado de manera eficaz. Pues la productora de una compañía que va a cumplir veinticinco años aseguró que cuando tiene una obra, un espectáculo, que quiere proteger, para tener muchas actuaciones, no lo presenta en una feria. Y no es un desprecio. Es una constatación de lo anteriormente apuntado. Y que amplío: los teatros de la primera división española, no se nutren de las ferias. O se nutren en un porcentaje menor.

Pero hay otros circuitos, otras programaciones, otros teatros que sí necesitan de estos espectáculos en ocasiones de mucha calidad, pero que no tienen ningún gancho comercial para concitar el número de espectadores que necesitan para cuadrar sus números económicos y políticos, que no siempre van en paralelo. En los casos singulares en los que existe una planificación sociopolítica para inspirar las acciones culturales, entre ellas, la programación de su teatro, cosa que no es lo habitual, porque, desgraciadamente, todavía depende demasiado de la persona responsable y de sus inspiración y contactos.

Confieso que me encantó reencontrarme con personas con las que he compartido muchas estrategias de funcionamiento, en todos los estamentos a lo largo de estos últimos treinta o cuarenta años. Los que, digamos, llevan varios quinquenios peleando por la dignidad de la gestión, que son cómplices con muchos grupos y compañías a las que han seguido y ayudado. Es una manera de comprender que cada gesto de hoy, cada decisión, por pequeña que sea, tiene consecuencias en el tiempo. Y lo bueno y también lo malo o perfectible de hoy, viene de lo que algunos con buena voluntad hicimos sin pensar en que los tiempos cambian.

Me está saliendo demasiado melancólica esta homilía. Me encanta ver que existe una evidente necesidad de volver a crear discurso más allá de los coyuntural, de lo de cada día, porque estamos trabajando con algo que va bastante más allá de nuestros salarios, quinquenios o egos: estamos hablando de Cultura, y dentro de ella, algo fundamental: las Artes Escénicas. Los viejos ya andamos repartiendo besos desde lejos. No pintamos, ni debemos pintar, nada. O justo lo que sirva para dar fe de vida de la existencia de otras generaciones que se dejaron la vida en crear algunas condiciones para desarrollarse de una manera mejor. Cuando Juan Margallo y Petra Martínez cuentan algunas anécdotas, me gustaría que entendieran los escuchantes que muchas son categoría funcional. Historia.