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Dom, Sep

Y no es coña | Carlos Gil
Amanecemos un nuevo lunes pletóricos, satisfechos, hemos pasado unos días magníficos en las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería, hemos participado en la Noche de Max Estrella, hemos sentido que el Teatro sigue vivo, pese a todos los malos augurios, pese a los parásitos, los paniaguados y los irresponsables que tiene alguna capacidad de decisión y que parecen empeñados en derribar con sus gracietas la dignidad que el cada día de autores, actores, directores, gestores y técnicos van construyendo calladamente.

La mala jandí de la ministra es tan clara que es capaz de hacer un gracieta denigrante: "Yo he hecho y hago teatro en el Senado y el Congreso". La frase es tan descalificadota para la señora González-Sinde que no sé si soliviantarme como ciudadano o como humilde persona dedicada a las artes escénicas desde siempre. Hacer teatro es bastante más serio que esta mamarrachada expresada por una ministra. Y al Congreso y al Senado, se va a hacer política. O lo que usted hace en esas sedes donde reside por representación del poder popular que es a hacer el ridículo, pero nunca a hacer teatro. Lo hace para celebrar el Día del Teatro, y es un insulto mayúsculo a todo el Teatro. Dimisión.

Mientras tanto, la señora ministra y su director general del INAEM, podrían, además de cubrirse las vergüenzas con las cacareadas supuestas buenas prácticas, meter mano a uno de los mayores escándalos que sufre el teatro público en el Estado español, como son los abusos consentidos a los entramados de los comités de empresa de los técnicos en las unidades de producción del INAEM.

En Almería vimos un montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, un escueto, melindroso Alcalde Zalamea de Calderón, con versión y dirección de Eduardo vasco, en escena casi dos docenas de actores, en una escenografía sencilla, para una puesta en escena plana. Bien. Un trabajo que roza el suficiente, pero que fue muy bien recibido por el público. Con un planteamiento actoral para afrontar al personaje de Pedro Crespo que nos pareció muy bien diseñado, pero resuelto de manera demasiado lineal.

Hasta aquí la ligera opinión sobre el montaje, pero la comidilla que atravesó la estancia de ponentes e invitados es que se habían desplazado veinticuatro técnicos, lo que no es nada más que un escándalo demasiado repetido, sin que nadie se atreva a solucionarlo. Técnicos duplicados o triplicados, dietas descomunales, sobresueldos que parecen increíbles, todo una retahíla de cuestiones que conocemos desde lejos, pero que nadie parece sea capaz de solucionar y que se agrava, porque estas unidades de producción de titularidad estatal, por estos motivos (y otros más), no giran, se instalan en sus sedes, porque estos gastos lo hacen inviables, y cuando salen cuestan tanto que existen pocas salas que las puedan recibir, y si corren a cargo del erario público, como son sus giras americanas, el dispendio es otro mini-escándalo con lo que está claro que aquí cuestan más las cintas que el manto.

Los derechos de los trabajadores no se deben confundir con los abusos. La singularidad de la práctica de las artes escénicas, en horarios, en circunstancias especiales se deben regular desde esta peculiaridad, y no es de recibo que alguien contratado en un teatro, cobre nocturnidad, o extras por trabajar los fines de semana. Lo diga quien lo diga, se ampare en los supuestos ideales que quiera. Es el momento de hablar en serio, de frenar estos abusos, para el bien de todos, para el prestigio de la propia actividad de los técnicos. Nadie dudamos de su solvencia profesional, pero situados en estos asuntos no sentimos ofendidos, maltratados. Son imprescindibles para hacer el teatro de hoy en día, pero deben amoldarse a las actuales circunstancias de producción y exhibición, con lógica.

Y esta disfunción, sucede en muchos lugares, pero donde más en los teatros y compañías dependientes directamente del INAEM, es culpa por acción u omisión, de los responsables del mismo. No es una cuestión nueva, viene de largo, pero no admite ni un segundo más sin que alguien intente solucionarlo. Probablemente el equipo actual es el que tiene menos personalidad e impulso político para ello, pero eso no les exime de nada. Si lograran ponerlo en vías de solución se les podría perdonar tantos errores de bulto cometidos de manera pertinaz.

Una pregunta con mala jandí: ¿por qué no se importan gestores, ministros y directores generales extranjeros en vez de dramaturgos y directores de escena?