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Lun, Jun

Incendios - Teatro El Galpón - Foto Alejandro Persichetti

Con la presencia de agrupaciones emblemáticas del teatro latinoamericano, como Yuyachkani, del Perú, o Malayerba, de Ecuador; clásicos como ‘Electra’ y ‘Antígona’ y nuevos clásicos como ‘Los músicos ambulantes’, o ‘Incendios’, el Festival Internacional de Teatro de Manizales llega a sus 50 años de existencia y 40 ediciones.

 

Entre el 5 y el 14 de octubre el festival manizaleño recibirá agrupaciones de Argentina, Brasil, España, Ecuador, Portugal, Perú, Uruguay, México y Colombia, en jornadas que transcurrirán por las principales salas y calles de la ciudad, y con los habituales diálogos y reflexiones académicas, que en esta edición oteará las visiones de importantes directores y creadores en torno a las formas, los lenguajes y temas que identifican el teatro del continente.

Teatro de barricadas

Enclavada en la cordillera central de Colombia, esta ciudad andina acoge desde 1968 la expresión más diversa del teatro latinoamericano. Si bien en sus primeras cinco ediciones (la última fue en 1973) el evento estuvo marcado por el teatro universitario y el incandescente foro político que nació en sus entrañas, la experiencia de lo que acontecía en Manizales fue reveladora para un continente, y aún para el teatro que comenzaba a dialogar entre las dos orillas del Atlántico. Así lo reconocieron los hombres de teatro que recalaron en aquellos años fundacionales. “Gracias a Manizales el Teatro latinoamericano parece descubrirse a sí mismo; por primera vez en su historia política como pueblos independientes, los hombres de América Latina establecen puentes de comunicación, se asombran ante las diferencias estructurales de sus movimientos teatrales y se embarcan en la fascinante aventura de conocerse a sí mismos”, declaraba Carlos Gimenez, fundador y director del Teatro Rajatabla, uno de los referentes del teatro de la región.

Él, como tantos otros creadores allegados desde distintas latitudes del continente latinoamericano y de España, reconoce que el Festival de Manizales “no solo es el punto de partida desde el cual los hombres del teatro latinoamericano intentaron encontrar respuestas para una pregunta, sino también el comienzo de una relación con el teatro del mundo desarrollado…”.

En una suerte de borrón y cuenta nueva, en 1984 el festival se reinventa y de la mano de Octavio Arbeláez el evento comienza a transitar una línea fronteriza que privilegia la hibridez escénica, la vanguardia en el lenguaje, el diálogo con la tradición escénica y cultural y, cómo no, el diálogo inacabado entre los teatristas que dará el sello de identidad a este encuentro.

Esta edición promete seguir la estela que ha trazado el festival durante las últimas tres décadas y media: invitar al espectador a un recorrido entre la tradición y la vanguardia, acercarlo a las nuevas generaciones de creadores, y hacerle el seguimiento a aquellas agrupaciones que han dejado huella en su memoria.

Será la ocasión para constatar la vigencia poética de ‘Los músicos ambulantes’, un clásico del repertorio de creación colectiva del Teatro Yuyachkani del Perú, que recaló en la plaza de Bolívar de Manizales en 1985 y que ahora, en sala, mostrará en clave de comedia musical, la diversidad cultural del Perú profundo a través de un grupo de animales entresacados de “Los Saltimbanquis” de Luis Enríquez y Sergio Bardotti y “Los Músicos de Bremen” de los Hermanos Grim.

Vigencia poética que también se podrá constatar con ‘Ahora todo es noche’, la última creación de La Zaranda, aquella agrupación que recaló en el festival de 1988 con el quejío de ‘Mariameneo, Mariameneo’, obra que tatuó la memoria de un público absorto. Del colectivo español se pudo ver un par de obras en ediciones de final de siglo y ahora, 18 años después, subirá a escena, cómo no, la galería de personajes marginales, olvidados, que luchan por conservar su existencia mísera en un mundo herrumbroso, sin aparente luz al final del túnel.

El Teatro El Galpón de Uruguay, uno de los grupos que marcaron la historia del festival y del continente con su resistencia escénica a la dictadura de su país, regresa con ‘Incendios’, considerado uno de los nuevos clásicos del teatro mundial, con decenas de premios, con celebradas producciones, y con una película dirigida por el canadiense Denis Villenueve. Al prestigio de la obra, El Galpón suma la experiencia y la figura rotulante de Adelbal Freire Filho, director brasilero que desde los años 70 ha dejado su impronta en innumerables creaciones escénicas que deambulan entre lo épico y lo dramático, como se verá en esta historia del dramaturgo libanés Wajdi Mouawad.

El recorrido por los teatros de grupo lo completa la agrupación Malayerba de Ecuador, de la que se ha podido ver gran parte de su producción en distintas épocas del festival. El colectivo, dirigido por Arístides Vargas, presentará ‘El corazón de la cebolla’, un montaje de creación colectiva que parte de un pequeño fragmento, el bodegón de las cebollas, de la celebrada novela ‘El Tambor de hojalata’ de Günter Grass.

Clásicos renovados

Luego de los Otelos que en clave de muñecos de velo y de clown se pudieron ver en ediciones recientes, el festival provocará al patio de butacas con sendos clásicos: ‘Electra’ y ‘Antígona’.

La debutante Companhia do Chapitô de Portugal subirá una Electra bastante irreverente: con decenas de cucharas como único recurso escénico y un par de actores que interpretan los incontables personajes de la tragedia griega, los portugueses darán cuenta de esta compleja trama de guerras familiares y luchas por el poder, en una desopilante puesta que recurre a la riqueza gestual y al pliegue físico de los actores.

A su turno, el Teatro de la UNAM México subirá una nueva versión de Antígona en la que el público es testigo de una discusión de mesa que trasciende los tiempos de la tragedia y llega con ecos profundos en la sociedad mexicana y latinoamericana actual. La justicia, la política, la vigencia de la relación con lo divino, el activismo social, la responsabilidad de quien gobierna, la obligación del ciudadano frente a la opresión, la democracia, la libertad de expresión, no se escapan a esta versión contemporánea de un clásico que, como bien lo advierte Brook, solo nos puede hablar hoy si nos abraza como el carbón.

Al lado de estos referentes del teatro Ibero-latinoamericano, a los que se suma El teatro La Llanura de Argentina con su último trabajo ‘Con el Agua al cuello’, la edición conmemorativa de los 50 años del festival manizaleño trae otras agrupaciones, con no menos recorrido, y que constatan el relevo generacional de la escena continental. Los colombianos Teatro Petra (‘Cuando estallan las paredes’), La Maldita Vanidad (‘Dramas neocostumbristas de carácter fatal’) ofrecerán otras visiones, tratamientos y poéticas a la densa realidad criolla, marcada por la violencia y otros temblores sociales. Los mexicanos Cornamusa Teatro, dirigidos por Mario Espinosa, proponen ‘Después del ensayo’, basada en una obra de Ingmar Bergman, mientras el Celcit de Argentina presenta ‘Jacinta en el umbral’, en complicidad con el grupo Malayerba.

Éstos, entre otros colectivos, conforman este encuentro escénico que en su apartado académico reunirá a algunos creadores como Eusebio Calonge (La Zaranda), Arístides Vargas (Malayerba), Héctor Guido (El Galpón), Mario Espinosa (Cornamusa Teatro), Carlos Ianni (Celcit), Guillermo Heras (Iberescena) o Aimar Labaki (Brasil), que dejarán sus reflexiones en torno a los caminos recorridos, sus búsquedas y encuentros con las poéticas de un teatro inestable que sigue testimoniando la realidad de su tiempo.

Wilson Escobar Ramírez

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
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