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Lun, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Repetimos: las cosas que aparentemente son obvias para alguien, si tienen fundamento, se convierten en eficaces para quienes no están al tanto de lo que sucede. Por lo que cuando calificamos a algo de obvio, o etiquetamos alguna idea de obviedad, en ocasiones podemos estar haciendo un acto de soberbia y de falta de amplitud de miras. Por lo tanto, sean obviedades, magníficas novedades, o reiteración de asuntos pendientes de solucionar, le daremos otra vuelta a la noria.

En estos momentos de crisis galopante, con decisiones de tal calibre como que el Gran Teatre del Liceu advierte que su programación durante 2010 acabará en setiembre porque no tiene más presupuesto; en la que se está reduciendo el monte de contratación; en la que cualquier programador habla de unos porcentajes de rebaja en sus presupuestos que solamente aventuran desastres inminentes, nos lleva a colocarnos en un estado de solidaridad, comprensión, pero a la vez, intentando descifrar lo actual, para apuntar algunas posibilidades reales y tangibles para el corto plazo y de paso, ir asentando las bases de lo que podría ser el futuro de las artes escénicas en el Estado español, con todos los matices que se quieran añadir en las autonomías, por idioma, demografía, nivel económico, social o cultural o cualquier otro rasgo diferencial.

Si hasta ahora todo giraba alrededor de los programadores, que eran los que tenían el poder económico, con la colaboración estrecha de productores y distribuidores, la actual situación de crisis nos lleva a un desmontaje de esta preeminencia, la carga de la prueba se debe colocar en donde, a nuestro entender, nunca debió salir: en los creadores. Y aquí hay que hacer una aclaración. No hay ninguna contradicción entre ser productor y creador. Lo que nos parece que ahora mismo está puesto en cuestión es un sistema de producción de mercado, de contratación puntual, y que se deberá volver a un sistema más social, colectivo, o mixto, pero en donde sea la marca, con su valor cultural y de calidad la que tenga mayor capacidad de convocatoria sabiendo que los productos oportunistas, seguirán, prevalecerán, tendrán incluso un auge en los próximos meses, pero que a la larga, es una opción totalmente caduca. Entre otras razones porque este sistema de grandes nombres (es una manera de hablar utilizando el lenguaje publicitario) para convencer a los programadores, si estos no tienen recursos públicos para pagar los altísimos sueldos de los artistas televisivos y los márgenes de ganancia desorbitados de las productoras y de evidente tufo hiper capitalista, no se sostiene. A taquilla, con los precios actuales de las entradas, las productoras del oligopolio no resisten.

Por lo tanto, volviendo al tejido más abundante, es decir los que antes eran grupos, convertidos por obligación, por vocación o convicción en empresas, algunas en productoras de mercado y hasta unos cuantos con ínfulas de industria, son los que van a sufrir directa e inmediatamente la situación. Por lo que estamos en un punto en donde hay que romper el modelo, hay que plantearse otro tipo de producción, otra relación económica, internamente, con otro tipo de contratación, y externamente, pudiendo asumir algunos riesgos de taquilla, consecuencia, precisamente del sistema de contratación. Y existen fórmulas, que los neoliberales llamarán obsoletas, y quizás lo único obsoleto es este controlado política y partidisticamente mercado que ahora de desmorona. Sí, el nombre que duele: cooperativas, que se compartan riesgos, que los actores, junto a directores, autores y demás gremios, participen en la producción. Si no se quiere algo tan drástico, pero tan eficaz, la Unión Temporal de Empresas, las coproducciones entre pequeñas y medianas empresas para que se pueda competir.

Lo básico y fundamental, pero que no depende solamente de esta parte del sistema, sino del que parece más inmovilista en estos momentos, sería que los edificios, teatros, salas de titularidad pública tengan gestión mixta, o cogestión, que haya compañías residentes, que se abran las puertas a la realidad en algunos teatros, que se adelgace la nómina funcionarial, ya que no tienen función, y que se vuelva a empezar de un cero diferente al cero absoluto, que es el cero en el que ahora nos encontramos. Ahora estamos en un cero herido por una crisis y una falta de liderazgo.

Una pregunta obvia, que obviamente nadie responde. ¿Cuánto cuesta actualmente de verdad cada localidad ocupada en los teatros de La Red?