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Jue, Oct

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Todos conocemos más o menos a que se refiere el termino minimalismo, el que según una definición de la sacro santa RAE, celosa guardiana de nuestras palabras y sus significados, sería; una tendencia a reducir a lo esencial, a despojar de elementos sobrantes.

 

En contra posición a esta idea, ilusamente creía haber inventado la palabra maximalismo, pero al buscar en la otra divinidad de la información cual es Google, me encontré con la sorpresa de que ya existía y está definido como una tendencia a exaltar la decoración a través de una mezcla de estilos, usando de todo para todo, con todo. Una especie de barroco contemporáneo, lleno de arabescos y excesos.

Oponiéndose a la máxima del minimalismo, menos es más, en el maximalismo sería algo así como, más no es menos. Algo así más o menos.

Lo confieso; vivo en un ambiente maximalista, claro que no necesariamente relacionado con la decoración.

Sin tener el síndrome de Diógenes, al menos no diagnosticado por un especialista de la mente, mi pareja está bajo sospecha.

2 o 3 cajas de leche abiertas en la heladera, regalos almacenados por si en algún momento se necesitan, en la despensa, muchos productos a medio consumir, y varios iguales, aunque en bolsas diferentes, envases plásticos tipo taper ware con un poquito de todo, y siempre compra más… porque siempre son útiles. Ropa que nunca ha usado, y lo mas probable, nunca usará, desbordando la capacidad máxima del closet. Muchos artículos para bebe, y de los zapatos ni hablar.

Tenemos herramientas y útiles para todo tipo de necesidad, aunque solo usamos unas pocas.

La frase bíblica de “pedid y os darán”, pone a mi pareja en la posición de dar, eso por supuesto, si logra encontrar aquello que se le pide.

¿Bueno o malo?

Todo depende, porque según ella, todo está bien ordenado y según yo, está todo escondido, porque encontrar algo en este cumulo de cosas cuando se lo necesita, es un verdadero parto de los dioses. De que está, está, el gran misterio a resolver es donde está.

Aun no somos serios postulantes a uno de esos programas de televisión sobre acumuladores, pero quien sabe en el futuro (ironía).

Existen muchas corrientes de pensamiento para las cuales una de sus ideas de base es eso de que acumular cosas materiales es acumular problemas, y no podría estar más de acuerdo. Me acuerdo de todas las veces que necesité un lápiz para escribir algo, y al sacarlo de la caja donde se acumulan varios, no escribía, ni tampoco el siguiente, ni tampoco el siguiente, aunque la caja estuviese rebosando de lápices a tinta, el problema era encontrar el bueno.

Acumular no siempre es malo, llenarse de vivencias, experiencias, paisajes, afectos, sabores nuevos, aromas, conocimientos…

La acumulación inmaterial, aunque gratificante, también tiene sus inconvenientes; el perder a un ser querido, de esos que la vida nos va poniendo por delante, sin duda es un gran dolor, pero ante la pregunta de si valió la pena el haberlo conocido, la respuesta no puede ser otra; por supuesto que sí. Compartir un trozo de vida con otros debería ser la máxima motivación de nuestra existencia.

Se me está acabando la batería del computador. Espero encontrar el cargador adecuado y no uno de los muchos que deambulan por los cajones.