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Mié, Mar

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Cualquiera sea la manifestación artística de la que se trate, si es honesta, apelará sin lugar a dudas a la memoria emotiva, primero a la del creador para extraer de sus vivencias pasadas los sentimientos que le permitan crear desde su fuero interno y después a la de quien esté dispuesto a comprometerse con la obra de arte exenta de todo disfraz, expuesta frente a él con el objetivo de establecer esa comunicación entre creador y receptor, intrínseca a toda creación.

Un espectador activo no es solo quien, en un acto mecánico involuntario, mueve el pie al escuchar una melodía, sino quien la tararea, recuerda momentos, la asocia con vivencias, la proyecta hacia el futuro y busca volver a escucharla.

En la música y en toda manifestación artística honesta y con honesta me refiero a una creación desde el sentimiento y no desde el mercado, se da el mismo fenómeno; es la memoria emotiva la que permite una conexión entre el creador emocionado y la emoción del espectador.

Un sonido insignificante para otros, un color sutil tan visto que se vuelve invisible, un simple aroma sin definición, una textura particular capaz de erizar la piel por lo que alguna vez fue, una situación similar a muchas y diferente a todas, nos conecta con nuestro ser intimo lleno de vida pasada para recordar fracasos y éxitos, amores y desamores, penas y alegrías. Con la objetividad adquirida por la distancia en el tiempo, quizás, y solo quizás, podamos sacar mayor provecho de esa experiencia pasada y potenciarla a futuro.

El arte verdadero es emoción profunda e íntima, el creador debe gritar su independencia a través de su obra o de lo contrario solo produce artefactos insípidos con la trascendencia de un mantel plástico made in china. Se cambia el mantel sobre la mesa de tanta suciedad acumulada, se debería cambiar el cuadro tan visto porque ya no combina con los nuevos muebles de la habitación.

Creador y espectador, representan cada uno el 50% de la trascendencia o no de una obra.

Aunque la mayoría de los verdaderos artistas no buscan trascender a través de su arte, muchas veces, igual que un hijo, después de haber nacido la obra, esta inicia su propio camino hacia la independencia, llegando incluso a superar a su padre de quien muchos podrían olvidarse.

Ha pasado y seguirá pasando.

Todo acto creativo es dolor y regocijo. Dolor de parto, regocijo de ver los ojos de esa nueva vida.

Memoria se relaciona con recuerdos y hay quienes viven de los recuerdos.

En lo personal creo que en el momento cuando se comienza a vivir de los recuerdos, se comienza también a morir un poco ya que la fabricación de recuerdos como una constante es lo que nos mantiene vivos y vigentes.

Apelar a la memoria emotiva para crear constantemente, es lo que nos mantiene vivos.

Lo he dicho una y mil veces y lo seguiré diciendo; crear no necesariamente significa lograr una obra que trascienda a los tiempos como una obra maestra del arte mundial. Un dibujito, un par de palabras hiladas en pensamiento, tararear sonidos muy alejados de una pieza clásica, todo lo que sea expresar sentimientos en ese lenguaje especial llamado arte, es creación.

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