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Vie, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Confieso que la situación política creada por la moción de censura y la llegada al gobierno de Pedro Sánchez, me libera de ciertas tensiones, me provoca más de una ilusión y vivo dentro de las expectativas lógicas de saber que es difícil que se vaya a peor en lo referente a nuestra materia. Nos movemos, hoy lunes cuatro de junio de 2018, entre los deseos, los rumores y las filtraciones. Sabiendo que los expulsados del BOE y de la caja, están violentamente ofendidos debido a su concepción patrimonialista y delincuente del ejercicio del poder, que son capaces de cualquier cosa, legal o ilegal, para recuperar la capacidad de robar, comprendo que van a encontrar los nuevos gestores muchas dificultades de toda índole. Y la mayor no son los presupuestos aprobados, que seguramente se desaprobarán, como rabieta de filibusteros en su paso por el Senado para hacer más inviable todo.

Saltemos la primera barrera mental. Se asegura que va a volver a existir un Ministerio de Cultura. Sólo de Cultura. Y eso me parece en estos momentos un gesto imprescindible para el retorno a un camino de valoración de la Cultura como elemento cohesionador, como derecho ciudadano y, por ende, una buena noticia para el relanzamiento de las Artes Escénicas. Un cambio de título ministerial no es suficiente, pero es necesario para tener ciertas esperanzas de transformación. Otra cosa será qué consideran prioritario hacer con el INAEM, con las unidades de producción, con las evidentes muestras de privatización, consolidada ya con una Fundación que agrupa oficialmente al Teatro Real y el Teatro de la Zarzuela, acción perpetrada la semana pasada, horas antes de la moción.

Hacer una lista de acciones inmediatas es una labor inútil. Que refuercen las estructuras, que decidan los organigramas, que elijan de manera sabia a las personas al frente de las mismas y que preparen el terreno para la siguiente legislatura, para las decisiones más estructurales que son muy necesarias, urgentes e imprescindibles para recobrar el pulso interno y la visibilidad externa. Con todas las dificultades del entramado institucional, constitucional y estatutario, hay lugar para el consenso y para crear espacios para el desarrollo sostenido de las Artes Escénicas en el ámbito del Estado español en relación con una Europa que se vislumbra.  

La elección de los titulares de las carteras es importante, pero en el caso de Cultura, y en las Artes Escénicas, además, hay que renovar toda la segunda y tercera nómina de responsabilidades, las que están en el día a día y procuran solucionar los problemas existentes y ponen en marcha los proyectos o los canalizan. Un trabajo que requiere de mucho acierto, de saber qué se quiere, de saberse asesorar con agentes limpios de intereses mercantiles, de favoritismos, de compromisos y vinculaciones no estrictamente profesionales y concurrentes con el bien común. 

No quiero amargarme, ni amargar a nadie estos días de idilio con el futuro, de merecido descanso con la agonía provocada por la putrefacción democrática con augurios bastante probables. Esperemos que la suerte que parece tener Pedro Sánchez, la tenga para elegir bien en la rama de Cultura. De momento las expectativas las restrinjo a que no vayamos a peor. Que también pudiera suceder porque inútiles y oportunistas los hay a montones. 

Para la próxima entrega tendremos alguna pista más clara.

 

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