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Lun, May

La compañía burgalesa Morfeo Teatro presenta su nuevo espectáculo ‘La sumisión y el porvenir está en los huevos’, obra de teatro del absurdo de Eugène Ionesco adaptada y dirigida por Francisco Negro e interpretada por él mismo junto con Mayte Bona, Felipe Santiago, Carolina Bona, Mamen Godoy y Santiago Nogués. El montaje, que acaba de estrenarse en el Teatro Principal de Burgos, arranca su gira estatal el 7 de marzo en el Teatro Zorrilla de Valladolid, y pasará después por escenarios como el Teatro Real Carlos III de Aranjuez (13 de marzo) y el Teatro Victoria Eugenia de Donostia (30 de mayo), entre otros.

 

¿Y si pudiera decir lo que piensa de su pareja, de su hijo, de sus suegros, de la sociedad que le rodea? ¿Decir a voces cualquier opinión por muy irreverente o abyecta que fuera?... Hace 70 años se estrenó en Francia ‘La sumisión’, una de las grandes comedias del absurdo, prácticamente inédita en el Estado español. Obra polémica, como era habitual en la trayectoria de Ionesco, por su detracción rabiosa del conservadurismo, del sometimiento del individuo, del abuso de poder, del desastre ético que nos gobierna.

En esta disparatada farsa, Ionesco narra la historia de un joven llamado Jacobo, que desencantado del mundo que le rodea languidece tirado en un sofá, negándose a formar una familia. Así, sus padres intentarán dominar la desobediencia del joven instándole a casarse y tener muchos hijos. En un afán de rebeldía, Jacobo se niega a hacerlo a no ser que sea con la mujer más fea del mundo, pero los padres contraatacan presentándole a Roberta, una chica con tres narices, que termina seduciéndole.

Ionesco nos pone a prueba con esta comedia, haciéndonos escuchar a sus personajes, eco de nosotros mismos, para, bajo el pretexto del absurdo de la existencia, presentarnos la sociedad que hemos construido y padecemos. Una sociedad que fomenta el egoísmo y la incomunicación. Consumista hasta el delito de acabar con los recursos aún a costa de poner en riesgo el futuro de la humanidad. Una sociedad consumista en la que importa, no tanto la felicidad que podrás conseguir, como el encaje en un sistema neoliberal en el que serás medido por tu productividad.

Si la existencia humana es incomprensible y el ser humano vive en un mundo que no entiende, como tampoco entiende cuál es su función en él, Ionesco se concentra en mostrar la soledad en la que se encuentran los seres humanos y la insensatez de las acciones cotidianas que constituyen la mayor parte de la existencia. También utiliza un diálogo disparatado para mostrar la absurdidad de la vida cotidiana, ya que, si nuestras pautas de discurso son absurdas, la vida lo es en la misma medida.

Ionesco es a veces insoportable de escuchar, sin duda difícil de agradar al gran público, pero nunca de entender; sus metáforas son nítidas y valientes, no se muerde la lengua. Ante una sociedad mundial que se ve atacada por movimientos populistas con ideologías reaccionarias, xenófobas y clasistas, suena con voz disconforme e hiriente. Nos propone así ser insumisos, rebelarnos, para no renunciar a nuestros principios, para no caer en la sumisión.