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Mié, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

Cuando alguien se dirige a un núcleo de participantes en un encuentro, sin conocer personalmente a quiénes tiene delante, ni a quién representan ni de dónde vienen y su difuso discurso se basa en decir nombres de autores, directores, actores, en su mayoría conocidos mundialmente, y recalcar siempre y en cada caso, "es muy amigo mío", no es fácil sujetar la suspicacia que despierta esa retahíla de nombres y amistades incondicionales para justificar el funcionamiento o la necesidad de cualificar cualquier programa, evento en marcha o para vislumbrar una acción de futuro.

En primera providencia uno reclamaría que en el ámbito de la cultura, y muy especialmente en las artes escénicas donde se viven circunstancias, procesos creativos, ensayos, rodajes muy intensos, existiera un cuerpo de trabajadores sociales que ayudaran a toda la comunidad a discernir de manera muy especial, y repetida en el tiempo, una clasificación de las relaciones para que se sepa claramente lo que son amigos, conocidos y saludados. De esta manera nos evitaríamos muchas frustraciones.

Cualquiera puede hacer subdivisiones en la anterior lista, pero para estos momentos nos sirve. El estar en una charla con una directora, comer enfrente de la misma, hablar de cuestiones comunes, de amigos y conocidos cruzados y hasta tomarse una copa esa noche, ¿es tener una amistad o tener un conocimiento? Es más, se puede tener hasta el teléfono privado de alguien, y llamarle cuando a uno le plazca, pero a un amigo se le llama para contarle que te ha salido un ceviche extraordinario o para felicitarle porque es el cumpleaños de su perro, y a un conocido solamente por cuestiones profesionales.

Este asunto menor, lo de arrogarse amistades profundas, cuando es alguien que demuestra inseguridad en su discurso, cuando no parece tener más argumentos para demostrar la excelencia de su proyecto que el supuesto aval de sus inmensas amistades y siempre con personalidades de renombre, no puedo reprimir mi caudal de desconfianza. Me desborda. Y si su intervención dura más de diez minutos, le empiezo a descubrir tantos renuncios, que me provoca animadversión. Lo repudio. Me es imposible establecer ningún contacto más allá de la cortesía.

Me acaba de pasar estos días en el Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, y maldigo mi intolerancia, porque seguramente con algo más de paciencia con una persona que entró así en un conversatorio, dominando mis prejuicios, hubiera descubierto que debajo de esa pátina de distancia y afrancesamiento, se encuentra un profesional esforzado que probablemente puede tener un valor suficiente sin necesidad de embadurnarse de amiguismo.

Para mí el problema personal, el complejo de inferioridad que a mi juicio demuestra esta actitud, puede esconder otro problema de mayor calado, y es que un proyecto importante en un ámbito de futuro para el teatro como puede ser la formación, en ningún caso se puede basar solamente en los amigos (ciertos o imaginados) de su máximo responsable. Por muy buenos que sean. Eso sí que es un peligro que excede mi alergia a los amigos para siempre de una noche.

En algunas épocas, las ciencias sociales, aplicadas a estos menesteres, dejaban entrever una incapacidad práctica para que entre actores o actrices se produjera una auténtica amistad. Se explicaba que es una profesión tan competitiva, que si tienes un amigo de tu misma edad y condición, puede ser el máximo enemigo para acceder a un papel después de pasar ambos por un casting. No sigamos por ahí.

Es obvio que quienes llevan toda la vida en este mundo, acaben teniendo un círculo de amistades relacionadas con el mismo. Lo difícil, para todos, s conocer la graduación de la misma. Y si es recíproca. No sea que al que yo considero mi amigo, para él no sea nada más que un saludado. O un imbécil al que debe atender por necesidades del guión o de su cargo. O del mío. Que es lo que sucede las más de las veces. En términos generales, amigos, amigos, contados. Y este asunto, llevado a las relaciones profesionales, institucionales o políticas, adquiere una importancia superior.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€