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Mié, May

Y no es coña | Carlos Gil
Con la renovación de los municipios, además de llegar la revisión de las cuentas, las coartadas perfectas para ir recortando proyectos culturales, se están manifestando las malas prácticas en el nombramiento de los responsables de los teatros de titularidad pública. El ejemplo más doloroso lo tenemos en el Teatro Gayarre de Pamplona, y como hemos dado noticias en este periódico, un día una mayoría de patronos nombra a José Mari Asín como director del mismo, y el alcalde se cabrea, paraliza el trámite oficial, intenta colocar a alguien al que al parecer le había prometido el puesto y tras varias trifulcas, aparece una tercera persona que es nombrada provisionalmente.

Seguramente la casuística en este sentido se agrandará hasta límites insospechados, como no existe una reglamentación uniformadora, ni siquiera los teatros municipales están sujetos a algo más que la consideración de las mayorías políticas que gobiernan en cada momento, esta competencia impropia puede ser suspendida sin que se produzca nada más que un disgusto, alguna manifestación de los más afectados directamente y sin respuesta ciudadana contundente como para sentirse presionado nadie para mantenerlo o no.

Y los nombramientos se hacen desde la misma inspiración, absolutamente partidaria, sin atenerse a ninguna valoración profesional, simplemente debe ser alguien que esté bautizado por alguien de poder en el partido correspondiente, aunque sea en el escalafón más bajo del nivel local. En el caso del Teatro Gayarre, concurren muchos datos para hacerlo más ejemplar, en cuanto a que si existe una persona formada para el cargo, ya que es técnico municipal de cultura de Cizur, a pocos kilómetros de la capital, se une a que es actor de larga trayectoria, que ha participado en los mejores proyectos y montajes del teatro navarro de los últimos veinte años, y que, por lógica, ha pisado el escenario del Teatro Gayarre más que nadie. Es, pues, el candidato perfecto, además su perfil político es neutro, o al menos no es excesivamente significado, y su carácter conciliador, lo convierten en alguien aceptado por todo el mundo. Por todos, claro, menos por los recién llegados a la gobernación del ayuntamiento de Pamplona, en este caso del partido Unión del Pueblo Navarro.

En paralelo hemos ido viviendo la protesta de toda la gente de cultura de Aragón tras el nombramiento de un tal Vadillo, como director general de Cultura del Gobierno de Aragón. En este caso, la capacidad de gestión del nombrado es desconocida, pero sí se sabe sus opiniones sobre la Cultura, las ayudas, las subvenciones, los artistas, expresadas de manera reiterada en un periódico digital de la extrema derecha española. Es lógica la respuesta de las gentes de la cultura aragonesa, el apoyo que han tenido de todo el mundo, porque de nuevo no se están utilizando valoraciones técnicas o profesionales, capacidades demostradas, sino adscripción política e ideológica.

En este punto debemos parapetarnos en una vitrina de cinismo y recordar que cuanto más se ataca a un nombramiento de estas características, más se consolida el mismo, porque si algo está claro es que el verbo rectificar no lo conocen, y si han decidido ese nombramiento siguiendo los consejos de las alturas, se mantendrá pase lo que pase, y se recuerda que el otro verbo prohibido es dimitir, por lo tanto el futuro inmediato se pone muy negro, aunque utilizando un poco más de cinismo, que se nos acaba, oiga, podríamos conceder el beneficio de la duda, cosa que casi nunca funciona, pero como nos vienen meses electorales, futuros más negros, a lo mejor no nos queda más remedio que arar con estos bueyes.

O la huida. Escapar. Quien pueda que se vaya a estudiar o a trabajar a lugares donde todavía existe alguna posibilidad de que se valore el currículum, lo realizado, los proyectos y no la militancia ciega y la obediencia al líder. Desde luego, las malas prácticas se mantienen, y las padeceremos. Quedarse quieto es lo peor, pero hay que acumular fuerzas para poder ser eficaces en nuestras protestas y luchas por la democratización de la gestión y por extensión, por la defensa de una cultura democrática para todos.