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Lun, Nov

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Un arbusto cruza la calle polvorienta impulsado por el viento y la tensión del silencio es rota por unas enérgicas palabras.

-Nadie está por encima de la ley.

Acto seguido el sheriff del condado desenfundó su colt 45 y aniquila al forajido más buscado, por el cual se ofrecía una cuantiosa recompensa. Es el fin delictual de Harry el niño bonito.

¿Que nadie está por encima de la ley?

Ja, ja, ja...

 

Linda declaración de principios como para una película del lejano oeste, pero extremadamente diferente a la realidad contemporánea. Hollywood es una fábrica de ilusiones capaz de convencernos gracias a los efectos especiales, de lo que sea, absolutamente de lo que sea, incluso de que nadie está fuera de la ley.

El actor secundario en su papel de antihéroe, cayó abatido por el disparo del protagonista, pero todos sabemos cómo los villanos de la vida real, son intocables. Solo basta con que la cantidad de dinero necesaria llegue a los bolsillos indicados, y la dimensión desconocida se hace realidad.

¿Cuántos crímenes de la más variada índole no han quedado impunes?

Los pequeños crímenes siempre son castigados y los grandes, los verdaderamente grandes, son borrados con magistral eficiencia. El traficante de algunos gramos de droga es perseguido, encontrado y encerrado en prisión, mientras su jefe es condenado a una vida de lujos y se calefacciona quemando billetes.

Quisiera creer que es la excepción a la regla, pero tampoco quiero tapar el sol con un dedo. El ser humano es como es y punto. Me es ridículo pensar en un animal extorsionando a otro para perjudicar a un tercero, con el fin egoísta de favorecerse a sí mismo.

Algunos comportamientos de depredación o de parasitismo pueden tener similitudes, pero mientras en los animales son actos instintivos para asegurar la supervivencia de la especie, en el ser humano existen al menos dos variables fundamentales de diferenciación; el libre albedrío y el razonamiento.

Los grandes delincuentes suelen tener un coeficiente intelectual muy por encima de la media, aunque carezcan completamente de la llamada inteligencia emocional, esa que nos hace ponernos en el lugar del otro.

Hecha la ley, hecha la trampa, para esto sí que somos buenos, los mejores.

Desde siempre, la mayor droga de todas ha sido el poder. Basta con que alguien logre obtener una pequeña cuota de poder, para que quiera más y más. Es una adicción difícil, sino imposible de controlar. Por lo general, aunque no siempre, el poder está relacionado con el dinero, aunque aquellos que tienen cuentas bancarias con más ceros de los que soy capaz de entender, ni siquiera tienen dinero en sus bolsillos como la mayoría de los mortales. Llega un punto en que la cantidad no importa y el único objetivo es tener más que otro. Ser el macho alfa es más importante que formar parte de una manada próspera.

No se necesita estar por encima de la ley cuando se tiene el suficiente poder como para modificarla a conveniencia.

Es en ese momento cuando Harry, el niño bonito, se levanta del suelo, se sacude el polvo, sonríe y pasa por caja a cobrar su cheque, muy superior al del héroe y el director juntos. Nunca ha sido necesario ser el protagonista o quien más figura para tener el poder.