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16
Lun, Dic

La voz antigua | Maite Tarazona

Pensaba que ya no hacía falta, que después de todo lo pasado las cosas estaban claras, pero no; pensaba que ya no era necesario tener que proclamar cada día la voluntad propia, tener que decir día a día lo que se es o lo que se quiere ser; que no es que uno se haya rendido, que no se ha cansado de perseguir un sueño, que si, que a veces la vida nos lleva por otros caminos, pero que eso no indica que hayamos perdido la dirección o que no sepamos hacia donde vamos.

Pensaba que ya no era necesario explicar a aquellos que encima nos quieren, que no, que no es un hobby, que no se nos ha pasado, que no había nada que se nos tuviera que pasar, que lo que uno es tiene vocación de permanencia, que uno es y que eso no lo cambia el hecho de que esté haciendo otra cosa en estos momentos, que no, que el teatro no es un hobby, que es una profesión, aunque a veces no se pueda vivir de ella.

No es un hobby, el teatro es una pasión hecha profesión, pasión tan fuerte que a veces uno lo deja todo y a todos; el teatro no es algo que uno haga en sus ratos libres, es algo que le impregna el alma desde que se levanta hasta que se acuesta, que forma parte íntima de su ser; que uno no es camarero, ni recepcionista, ni médico, ni ingeniero; es actor, o actriz, o escritor o dramaturgo, un actor que a veces pone copas, o recibe turistas o visita pacientes o pone en marcha turbinas. No actúa por hobby aunque actuar le produzca un inmenso placer; actuar, o escribir, o dirigir, eso lo que les hace levantarse cada mañana y seguir soñando al finalizar el día y sonreír aunque a veces no haya nada a lo que sonreír.

Somos lo que somos y no tenemos porque avergonzarnos de ello ni justificarnos a cada momento por las elecciones tomadas, sino estar orgullosos de tener una profesión que amamos aunque a veces nos llene de sinsabores. Espero que llegue el día en que no nos tengamos que justificar por hacer lo que hacemos ni por ser lo que somos: actores, actrices, escritores, dramaturgos...que llegue un día en que no nos digan que el teatro no paga las facturas sino que nos sonrían y nos den las gracias por hacer lo que hacemos.

Y cuando ese día llegue, no todo estará perdido.