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Vie, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

No parece que el IVA haya sido un “tema” importante. Se rebajó al diez por ciento, pero se mantuvo al veintiuno para la facturación. El diez por ciento incide en la venta de entradas, la facturación es la referente a las actuaciones vendidas a los teatros y salas. ¿Se debería rebajar este IVA? Lo reclaman con buenas argumentaciones los afectados. Porque de mantenerlo resulta que hay dos IVAS para la misma actividad. ¿Ayudaría? Claro, ayudaría. Se rebajaría la cantidad final y eso siempre alivia.

No iba a hablar del IVA pero se me ha cruzado el asunto porque cuando miro hacia adelante siento una tortícolis aguda. Siempre se me gira la cabeza, como mínimo a los lados. Cuando no me da la vuelta y los pies me llevan hacia el horizonte y la cabeza hacia las casetas de baño. Una fantasía erótica sesentera. ¿De dónde son los cantantes? Preguntaba el bardo, pero ahora me resulta más propicia la retórica, ¿de qué hablan los nuevos dramaturgos y las nuevas dramaturgas? ¿Hay diferencias de unos a otras? Excusas: no sé limitar el término nuevo o nueva. Quiero decir los y las que en estos últimos meses han accedido con normalidad y resonancia a los escenarios.

Desde que Sergio Blanco, ahora en el Pavón, de cuerpo presente, durante tres días, haciendo “Ostia”, se puso a predicar sobre la autoficción expresamente circunscrita a la dramaturgia, encuentro rasgos, trazos de ella en casi todas las propuestas. En algún caso es directamente lacanismo porteño reciclado. Mi corrector se empeñaba en poner laconismo, y no, no. No tiene nada de lacónico. El ego, el yo, el súper yo y hasta el vos, no es lacónico. Es una defensa. Es una manera de corregir una infancia triste o falta de amor. Como se demuestra en algunos críticos que se empeñan en encontrar cada semana los mejores espectáculos de su vida. ¡Qué vida más excitante! ¡Qué suerte más extendida en el tiempo! Y yo que voy a ver esas obras maestras según el maestro de la componenda y me aburro o las encuentro mediocres o simplemente buenos trabajos. Mi infancia fue un pasaje de Barcelona con ruido de fábrica textil. Será por eso.

No he respondido a la pregunta retórica porque no sé la respuesta. Hay tejido dramático interesante en muchas de las obras. Hay mucho formalismo, se busca entre los restos del naufragio de unas tormentas escénicas que no han dejado muchos rastros, demasiado complacencia encuentro yo, hay lucidez en algunas, muchas ganas de asustar a las monjas de su escuela infantil en otras, poca profundidad, mucha cotidianeidad, voces en primera persona, los ombligos cubren la inteligencia.

Y yo que les deseo a todos y todas un feliz año 2018, con un recuento nuevo del IVA, con impronta en todos los despachos de contratación. A todas mis amigas y admiradas actrices, directoras y dramaturgas, las que son distribuidoras, las programadoras, y a ellos, lo mismo, lo único importante en este sueño teatral, es que las artistas se puedan relacionar con los públicos. De lo otro ya hablaremos.

Si queréis claro. Yo no me canso. La vida debe ser esto que nos sucede mientras esperamos un nuevo whatsapp.