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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

¿Recuerdan el sabor del plátano? ¿Del tomate? ¿Y de la naranja? No me refiero a esos productos que se asemejan en color y forma a esas frutas, y que habitualmente se compran en los supermercados o en la frutería del barrio; esos sucedáneos insípidos que no merecen paladar. Me refiero a plátanos, tomates y naranjas de verdad, aquellos que guardan un sabor y una textura inconfundible, y que no necesitan nada más para ser manjar. De vez en cuando, un familiar me trae una cesta con alimentos que sólo han tenido sol y agua para crecer y, créanme, eso que habitualmente se hace pasar por fruta no es fruta, o por lo menos, no es la deliciosa fruta de antaño, tan jugosa, tan pequeña, tan irregular en sus formas. Lo que sucede es que gracias a comer día tras día unos productos tan apetitosos para la vista como inapetentes para el gusto, uno cae en el engaño y catalogamos como sabroso y saludable algo que realmente no lo es. Por lo visto, tenemos un don especial para acabar tomando por bueno lo que es de dudosa calidad o simplemente malo, y ya no somos capaces de distinguir el sucedáneo del original. Que la fruta que se vende a granel sepa a miga de pan, es ya algo normal.

Esta asombrosa capacidad nuestra para acostumbrarnos a la inmundicia y considerarla un elemento consustancial del paisaje de cada día, no es algo meramente innato, tiene su propio método: la repetición. Aunque al principio perturbe un cambio a peor, basta con insistir lo suficiente, con exponer al personal durante el tiempo adecuado a la desmejora para que ésta se asuma sin rechistar. De la misma manera que se dice que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, las aberraciones mil veces vividas también se convierten en algo normal.

Y así, a fuerza de habituarnos a la cochambre, ya es normal que en un estado que se hace llamar democrático ya no gobierne el partido más votado, sino un gobierno tecnocrático impuesto por los mercados. También es normal que después de los atentados del 11-S el mundo siga su marcha habitual, cuando la versión oficial tantas veces escuchada que explica aquel genocidio es demostrablemente falsa. Normal es, asimismo, que a unas víctimas se les llame "víctimas de guerra" y a otras "víctimas de actos terroristas", asumiendo que la violencia es más o menos lícita según se ostente el poder o no. Como normal es que se ayude a los bancos en quiebra y se desahucie a familias enteras por la presión que esos mismos bancos ejercen. O que los curas, tan castos ellos, den lecciones sobre orientación sexual.

La normalidad nos acecha y se cuela por otros flancos. Normal es que la educación para la vida se haga en aulas apartadas totalmente de la vida y, claro, normal es que aprender resulte duro y aburrido, y hasta insoportable por momentos. En esta normalidad, por supuesto, la capacidad pedagógica de los profesores se evalúa en base a unas toneladas de papel llamadas currículo y no por sus capacidades cuerpo a cuerpo, mente a mente con el alumno. Porque parece normal que el que más sabe sea también el que mejor explica, cuando la realidad es más bien la inversa. Así las cosas, después de cinco años de carrera, lo más normal es que la preparación del futuro trabajador para afrontar un oficio sea más bien nula o escasa.

Y, por supuesto, en las Artes Escénicas también todo es normalidad. Normal es que el Tribunal Supremo anule los grados en la Enseñanzas Artísticas, dando a entender que el arte y la cultura no pueden alcanzar el nivel de estudio académico de un economista, un periodista o un arquitecto. En un alarde de coherencia con tal planteamiento, las condiciones fiscales de actores y artistas similares les obligarán a malvivir cuando se jubilen. No es todo. Se entiende como normal que los teatros estén hospedados por personas cuya relación con el teatro es más funcionarial que artística. Normal es también que la línea entre lo profesional y lo aficionado sea tan difusa, de manera que los profesionales, ante tanta dificultad para cumplir con tanto cometido legal, se ven obligados a trabajar en condiciones de aficionado y, porque las circunstancias rápidamente se dan la vuelta, no es extraño que los aficionados accedan al circuito profesional. Y, qué quieren les diga, ante tanta normalidad y dado que es creencia general que los artistas se dedican a un hobby y no a un oficio, y que por tanto no tienen por qué cobrar, esta última confusión también parece muy normal.

Y así, en esta aparente normalidad, nos precipitamos hacia algún incierto lugar. Quién sabe dónde.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€