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Vie, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

Tomo notas durante la semana para tener alguna inspiración cuando afronto esta labor de expresarme en Libertad, con respeto y la intención de añadir una coma o un punto suspensivo a la acción teatral desde una postura teórica que se basa en la secreción de lo que se hace y hasta lo que se deja de hacer. Tengo escrito esto y no sé su fuente: “Para salir de la pobreza primero hay que salir de la ignorancia”. Seguramente se trata de una manera de afrontar la desigualdad social, acotar algo a los desfavorecidos, los excluidos, intentando fijar como una verdad que, si se sabe, se conoce, se tienen estudios, ese ascensor social funciona automáticamente. A la luz de lo que sucede actualmente es discutible esta aseveración, pero nos ayuda a entender mejor una parte de lo que nos sucede, y me refiero a los asuntos estrictamente relacionados con las Artes Escénicas.

 

Desde este púlpito, hemos utilizado el término adanismo en muchas ocasiones, porque a veces encontramos expresiones, actitudes, soberbias de quienes intentan convencernos de que la historia del teatro, o la danza, empezó el día que ellos hicieron la primera clase en un taller. No hay un antes, ni nada en paralelo, no reconocen ni a las maestras y profesores que les dieron la primera clase, que les hicieron canalizar su energía dentro de unos conductos de aprovechamiento. No reconocen a nadie, son ellos/ellas quienes saben exactamente lo que pensaba Lorca, tienen incapacidad para entender que antes de su llegada a los escenarios, o la gestión, hay siglos de una historia del teatro y la danza con momentos de gran importancia por marcar hitos, giros, cambios, que son los que ahora mismo disfrutamos, aunque precisamente esos nuevos divos y divas parecen desconocer, quizás por ignorancia, quizás por considerar que está todo superado y que son los que actualmente gozan del fervor de las estructuras productivas, los únicos que cuentan algo nuevo y de manera única y revolucionaría.

No suelo señalar de manera directa en estas entregas, no lo voy a hacer esta vez tampoco, pero cada vez que los más protegidos por el sistema actual, abren la boca, siento un escalofrío porque demuestran su falta de rigor, el que se mueven dentro de una burbuja de autosuficiencia que les lleva a hacer los espectáculos que hacen: inconsistentes, superficiales, copias, fotocopias, recortes de vídeos que se basan en una ocurrencia insignificante y se sustentan en más ocurrencias encadenadas que procuran unas propuestas híbridas, inanes, de estéticas tremendistas sin poso. Eso sí, acostumbran a hacerlo a partir de alguna percha incuestionable. Y si es Lorca, es que se vuelven locos los programadores y las instituciones.

Claro, escucho en una radio a un gestor cultural de mucha trayectoria lanzar una noción que me coloca entre el buenismo bueno y lo placebo por autocompasión: una novedad, para quien no conoce a Fellini, es ver Ocho y medio. Es decir, si alguien ve por primera vez un cuadro de Rubens, esa es una novedad, una noticia, un titular, una tesis. ¿Cuántos licenciados, doctores, profesores, actores de cartelera, directores de ración, dramaturgas en la monedad, críticos con blog, gestores con varios edificios a su cargo, periodistas con sección de teatro pueden hablar durante tres minutos sobre Bertold Brecht? Por lo tanto, una novedad en los tiempos actuales puede considerarse que alguien haga un espectáculo remotamente fusilado de fotos o vídeo en blanco y negro de una obra de los años sesenta de The Living Theatre.

Y remato mi contradicción: si no se estudia de manera fehaciente, seria, los hitos, las tendencias, las maneras de afrontar las puestas en escena, los recursos para la creación de los personaje según escuelas que, durante siglos, pero especialmente en el siglo veinte consolidaron corrientes específicas y diversas, ¿qué se estudia en las escuelas? Seguro que se basan en programas de estudios compensados, pero quizás habría que introducir nuevas disciplinas. Es importante, muy importante la existencia de escuelas, de instituciones que ayuden, procuren la producción, de teatros y salas donde se exhiban, pero ¿no estamos ya en el punto de hablar un poco en serio de lo que se estudia, lo que se hace, lo que gira, lo que se ofrece a la ciudadanía, por si acaso, por ahí, desde ese lugar avanzamos y conseguimos crear algo más sólido, más sostenible, que involucre a la sociedad a la que va destinado y se haga desde convicciones artísticas, éticas, estéticas, sociales, es decir con políticas culturales que no se basen en lo mercantil, sino en lo que queda después de la contabilidad?

Yo a eso lo llamo Cultura. 

Ahora entiendo mejor la frase: “Para salir de la pobreza primero hay que salir de la ignorancia”.