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Dom, May

No recuerdo lo que hice en mi año cero de vida, pero recuerdo que cumplí diez años cuanto tenía justamente diez años, no cuando tenía nueve años, por lo tanto, juraría que entramos en el año que concluye una década, no el que la empieza. Pero no voy a discutir sobre eso que ahora mandan los departamentos de comunicación, las agencias de publicidad y los vendedores de entradas por web. Así que yo despido el penúltimo año de esta segunda década del siglo veintiuno, con las mismas pocas ganas de hacer recuentos que las sesenta y ocho veces que así me ha sucedido. 

 

Me parece que nunca ha sucedido a partir de un primero de año nada diferente a seis semanas anteriores y siete posteriores. En esos días acostumbran a subir las cosas básicas, esos ajustes bancarios, eléctricos y contables que no hacen otra cosa que recordarnos que no somos independientes en casi nada. Eso sí, debemos abrir otro libro de contabilidad, cerrar las cuentas y preparar los datos de los impuestos y esperar a ver qué pasa si hay gobierno, prórroga o terceras elecciones como babean desde todos los centros de intereses de las derechas ultras y ultras Premium.

Es más, si les dijéramos a todos los católicos que empieza el año ahora desde que lo impuso el Papa Gregorio VI, a lo mejor entrarían en razones para no intentar hacer una raya que traspasar en doce segundos para entrar en otra fase de nuestra existencia personal y menos en nuestra evolución social y ya ni remotamente con los cambios estructurales que necesita la Cultura y muy especialmente eso que llamamos Artes Escénicas. Así que vivimos unos días inventados por los grandes almacenes o casi.

Como no fumo no puedo dejar de fumar. Como tengo serios problemas para hacer según qué esfuerzos, me ahorro mis cuotas de GYM y me lo gasto en GIN y en zapatillas porque debo andar al menos tres cuartos de hora diarios. No espero mucho del año que viene: mantenerme con la salud justa para hacer lo que me dé la gana, poder decidir sobre mi vida profesional, en la medida de las circunstancias, o sea, si sigue la revista ARTEZ, será porque es viable; si la Librería Yorick sigue abierta, será porque existe una actividad mercantil suficiente como para pagar alquiler, servicios, salarios, proveedores y cargas sociales sin endeudarse. De lo contrario tendremos que aceptar el fracaso y acabar sin remordimientos.

Mantengo mi compromiso diario con un periódico vasco de escribir cada día del año una columna, que se complementa con otra colaboración semanal fija sobre temas culturales generales y de vez en cuando con algunas críticas de espectáculos. El mantener vivo este diario digital también me pide atención y dedicación, al igual que la actividad editorial y que para este año próximo tenemos ya a punto varios libros que van a ser importantes, o eso deseamos, para la comunidad teatral hispanohablante. 

Estas confesiones nunca o casi nunca se dedican a otra cosa más allá de conformar una ruta mental para navegar por las incertidumbres que se puede presentar. Tengo otras citas apalabradas, el montaje de uno de mis primeros textos, en una nueva versión, para hacer en Beja, con estreno fijado para el 6 de mayo y algo que me conmociona, como es ir a hacer a México un montaje de adaptación de un texto clásico con un grupo de Teatro Comunitario junto a Mulato Teatro. 

Estos son mis planes a mayores. Después tengo otros planes cotidianos como es prestar atención a la realidad, preocuparme por lo que me interesa, atender a las personas que me rodean y seguir firme denunciando las corruptelas, corrupciones, tejemanejes, decisiones arbitrarias que suceden en mi ámbito de conocimiento y práctica. 

Por lo demás, bien, el Teatro seguirá, siempre, lo gestione quien lo gestione. Algunos pedimos que se haga con mayor seriedad, que se piense en mañana, que se creen estructuras sostenibles para el futuro y que gane el mejor, no el que más amistades tenga.

Vaya, ya me estoy metiendo en líos, que es de lo que quiero huir. Voy a ver si estudio chino mandarín.

Que no pare la rueda. Que tengamos un gobierno. Que se ocupe de la Cultura como algo importante y no como un adorno.

Feliz 2020, que es bisiesto para mayor abundamiento.