Sidebar

12
Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor
Pregunto a mi alrededor acerca de las obsesiones creativas de cada cual. Ante este interrogante, la mayoría sonríe levemente, casi para sí, y contesta rápido. Sin dudar ni un ápice. Todos saben a lo que me refiero. Aún así, afino y delimito la pregunta: Me refiero a si hay algo que aflora una y otra vez cuando os dejan solos creativamente hablando. Cuando tenéis que crear una pieza o una escena vuestra, incluso a pesar de que el punto de partida sea un texto o un tema dados.

Alguien me responde que sí, que tiene fijación por las relaciones de poder en la pareja. Aquello puede adoptar diferentes formas, me dice, pero el tema surge una y otra vez. Cuenta que su obsesión artística tiene mucho que ver con el sadomasoquismo. Cambiamos de tema. Diez minutos después añade:... ¡Ah! y también me flipan mucho los zapatos de tacón rojo.

Siguiente pregunta: ¿Desaparecen esas obsesiones para hacer sitio a otras según las vamos canalizando artísticamente? O dicho de otro modo: ¿Qué probabilidades hay de que el zapato rojo de tacón que obsesiona creativamente a esta actriz esté presente en la pieza que desarrolle a los 78 años de edad después de haber tenido una larga trayectoria artística?

Hay quien defiende la idea de que un artista siempre habla de lo mismo a lo largo de toda su obra. Que las diferentes piezas creativas no son más que intentos de plasmar o traducir artísticamente un tema central que adopta diferentes formas a lo largo de una vida. Otro asunto son los periodos que muchos atraviesan. Como el famoso periodo azul que vivió algún pintor. Al hilo de la pregunta planteada, una mujer me dice que, últimamente, le ha dado por pintar espirales. Y que para ella, cada espiral es única. También me cuenta que otra amiga pintora, que es profesional, le preguntó con cierto reproche en la voz, ¿has pintado otra espiral? Yo le digo que muchos artistas plásticos llaman a eso serie.

Conozco a una actriz que bien podría pintar en escena su propia serie de personajes enmarañados. Siempre que le dejan trabajar a su aire, le salen seres vagabundos que parecen llevar siglos caminando en círculo. Yo siempre acabo con un candil en la mano rodeada de oscuridad. Un querido compañero de trabajo se embadurna el cuerpo con todo tipo de cosas cada vez que tiene la oportunidad artística de hacerlo. Otra trabaja con plásticos leves y transparentes que tienen aire de medusa en el mar...

Bob Wilson decía que trabajamos artísticamente con aquello que más miedo nos da. Que esa es la razón por la que Heiner Müller trabajaba con lo que trabajaba y por la que él lo hacía con mujeres. Porque resulta que a él, lo que le aterraba de verdad eran las féminas. Según este artista, la cosa va de plasmar nuestros miedos más profundos. De hecho, a eso se dedicaba la terrible máquina con la que todo el mundo acababa confesando y perdiendo el último resquicio de dignidad y libertad personal en el año 1984. Al personaje protagonista de la obra de Orwell le aterraban las ratas, por ejemplo.

Creo que hay obsesiones escénicas y obsesiones cotidianas. Creo que adoptan formas tan diferentes que no somos capaces de advertir que, en realidad, son la misma. Creo que la angustia existencial está detrás de la obsesión voraz de querer transformar la vida en arte.

Y a ti, lector ¿Qué te aterra? Perdón, quería decir: ¿Qué te obsesiona artísticamente hablando?