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Dom, May

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

¿Pero cómo? ¿No se supone que, al tener buena memoria, de una u otra manera tenemos cierta ventaja frente a los olvidadizos? ¿Que el olvidar no sería malo, sino muy malo? Es innegable que la única manera de avanzar es mirar hacia atrás para estar conscientes de dónde venimos y planear así, hacia dónde vamos. Al enfrentarnos a un nuevo proyecto, sea este de cualquier índole, para no comenzar desde cero, es mejor echar mano a nuestros recuerdos para valernos del aprendizaje obtenido por experiencias pasadas.

 

No solo la memoria individual parece ser indispensable; también lo es la memoria colectiva traducida en un conocimiento universal siempre en expansión.

De cada experiencia, tanto individual como colectiva, aprendemos para acumular más y más conocimiento capaz de impulsar nuevas experiencias y estas a su vez, aportar nuevo conocimiento, todo en un continuo, en un circulo virtuoso, del cual hemos sabido valernos para llegar hasta el nivel de desarrollo actual.

Nunca debemos olvidar el conocimiento, pero, como todo en la vida, los absolutos no han funcionado jamás, ni lo harán.

¿Qué pasaría si tuviésemos tan buena memoria que seríamos incapaces de olvidar los rencores, los odios, los miedos, los dolores?

Si bien es cierto las experiencias negativas son formadoras, tanto más que las positivas, sin duda quedarse en esos recuerdos negativos, coartarían nuestras posibilidades de avanzar por la vida. Sin llegar jamás a desarrollar todo nuestro potencial. Estaríamos tan concentrados en no repetir aquello que nos llevó al fracaso, de una u otra forma vengarnos de aquello que nos hizo sufrir, o devolverle la mano a quien nos desilusionó, que concentraríamos toda nuestra energía en ello, sin dejarnos la suficiente como para emprender nuevos desafíos.

Olvidar completamente sería irresponsable, pero siempre tendremos la posibilidad de evaluar y gracias al conocimiento adquirido, modificar nuestro actuar como para no vivir una nueva derrota, la que, en esencia, sería la misma.

Quien no se arriesga no cruza el río, y no debemos dejar que por el hecho de haber tragado un poco de agua al primer intento, esto nos impida llegar a la ribera opuesta.

Esto también puede aplicarse a las relaciones con otros individuos. Lamentablemente en la especie humana hay de todo, de todo lo bueno, pero de todo lo malo también. Existen buenas gentes y traidores, honestos y estafadores, trabajadores y holgazanes...

Las malas experiencias nos marcan más que las positivas, pero el sufrir una desilusión al relacionarse con alguien, esto no puede limitarnos para recorrer el infinito de posibilidades que nos ofrece el seguir conociendo otras personas y sus mundos.

Como siempre, es más fácil hablar que actuar, y debo confesar que me ha sido imposible sepultar algunos malos recuerdos, aunque hago mi mayor esfuerzo por aplacarlos.

Un muy buen humorista dijo que existen personas capaces de no olvidar jamás, pero sí de archivar.

Aunque pueda generar una mueca de risa, quizás esta sea la fórmula como para no olvidar y a la vez no dejarnos limitar por tantos recuerdos negativos.