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Jue, Ene

Y no es coña | Carlos Gil

Acabamos de confirmar la necesidad de las publicaciones de teoría, práctica y textos dramáticos, todo lo que sea pensamiento y memoria de las Artes Escénicas. Ha sido en Montevideo donde se ha celebrado la primera Feria del Libro Teatral organizada por el INAE, Instituto Nacional de las Artes Escénicas, que se ha hecho en su propia sede y que ha contado además de unas jornadas exhaustivas sobre la crítica y la comunicación en este campo de las artes escénicas.

Otra primera vez que nos reconforta. Una primera vez que ha servido a modo de número cero, para detectar la respuesta, apropiarse de lo escuchado, generar más expectativas y conformar un futuro para las artes escénicas uruguayas que no solamente se centre en la enseñanza, producción y exhibición, que está bastante bien tratada y organizada, sino también dentro de la formación constante, el pensamiento, la investigación, la dramaturgia actual, el roce con otras miradas, cercanas o más lejanas. Allí había material español, mexicano, argentino y del propio Uruguay. Un campo abierto. Los ojos de los visitantes ante lo que se les mostraba ha sido el aval más efectivo para planear una nueva cita el año próximo, para intentar llegar a más concernidos, a los estudiantes, a los formadores, a toda la profesión teatral que todavía no pareció darse por enterada de una manera suficientemente significativa.

Todo se andará. Primero hay que dar un paso, el ya dado, para poder dar el siguiente. Ha arrancado una ilusión, una expectativa que se debe rubricar en el siguiente, cuando todo lo aprendido en esta edición sirva para hacer la nueva convocatoria de manera más eficiente, mucho más expansiva, convocando por activa y por pasiva a toda la profesión y todos los afectados.

En el terreno de los debates sobre la crítica y la información, en las que participamos con muchas ganas de aprender de experiencias consolidadas, como que hace más de veinte años, la Asociación de Críticos de Uruguay organizaba festivales internacionales de teatro, algo que nos parece una feliz idea, una manera de implicarse desde la crítica no solamente en lo valorativo circunstancial, sino en los que da un sentido más positivo, programar, que es pensar.

Pero lloramos por los mismos problemas, falta de espacio en los medios, una desregulación que parece llevarnos a un abismo, los nuevos medios de comunicación digitales y la cantidad de espontáneos que opinan sin mucho fundamento, lo que ha creado una confusión muy difícil de solventar ya que los afectados, los grupos, compañías y equipos de difusión y prensa dan a esas opiniones deslavazadas pero laudatorios el mismo valor que la ponderada opinión de alguien que lleva décadas dejándose sus apreciaciones críticas fundamentadas en los medios convencionales.

Los tiempos, los medios, las circunstancias están cambiando, y parece que nos estamos deslizando de una manera peligrosa hacia territorios de banalización absoluta. Confundir una crítica con publicidad es un pecado capital. Incluso entender que lo informativo es difusión, es pecado venial. Pero esta parece ser una guerra perdida. Todo se pone en el mismo plano, la información, inexistente en general, debido a que se trata de copiar y pegar las notas de prensa de los gabinetes o las compañías, la reseña o crónica y la crítica estructurada desde el conocimiento.

Deberemos seguir luchando por reivindicar una crítica independiente, formada, argumentada y que se base en el conocimiento, la experiencia y el estar al tanto de las nuevas corrientes estéticas y tendencias de los lenguajes nuevos de las artes escénicas. No es imposible, pero sí muy costoso. En todos los casos parece que la crítica se trata de impulsos personales, de obcecados, no de estrategia de los medios. Así nos va.

Celebramos poder hablar en libertad en Montevideo, de ver que existe una función de la crítica que se reclama de manera clamorosa y que todo ello se haga rodeados de libros, donde hay tantas ideas sobre las artes escénicas de ayer, hoy y mañana.

Gracias al INAE por todo.