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Vie, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Como me dice por lo bajini David Ladra, "te das cuenta que hablan de ola de calor y nadie menciona lo de cambio climático?". Me fijo, y como estamos inmersos en una semana realmente temática, creo que sucede lo mismo con el referéndum griego, ya que todos hablan del triunfo del NO, cuando es un clamoroso grito de un SÍ, de querer ser, de la dignidad, de pararles los pies a los mercados, de acabar con la imposición de una troika que condiciona la vida de millones de europeos con el único fin de defender sus privilegios y sus inversiones despreciando a los pueblos. En esta lucha de la democracia contra la teología económica ideologizada, ha ganado, de momento, la posibilidad de utilizar métodos de extrema calidad democrática para reforzar una postura negociadora.

Es el estruendo que viene de la cuna de nuestra civilización que nos recuerda que existen otras maneras de afrontar la vida, el amor, las finanzas, la organización social, la economía o la Cultura, o sea, el Teatro. Un ministro fotogénico, arrebatador, un seductor, nos indica una palabra: terrorismo. ¿Es una exageración o una manera de retratar la situación? Se trata de a base del miedo, el terror, las amenazas y las coacciones conseguir los objetivos de unos, sobre otros. Eso es terrorismo. Evidentemente no hay armas, ni bombas. Pero en el camino deja mucha desesperación y hasta parece ser que miles de suicidios. O derrotados y derrotadas que se orillan de su tiempo, de su propia historia, de su propia esperanza.

El pensamiento único, establecido como una ley de obligado cumplimiento. Una teología en donde se debe creer en que las fórmulas que han provocado la epidemia son las que nos sacarán de ella. Y si lo aplicamos a lo que sucede en nuestro entorno, no ya en la política económica, o en las políticas sociales básicas, sino en las culturales, veremos que existe una conexión bastante obvia. Funcionamos bajo un sistema que se ha ido construyendo en los últimos treinta años a base de un impulso principal, en la primera etapa del gobierno del PSOE, y después se han añadido cuatro remiendos, tres ajustes constitucionales o para acomodar los estatutos de autonomía, y entre medias, unas reglamentaciones urgentes, unas componendas, realizadas sin idea, simplemente buscando la oportunidad para que funcionase de una manera, la que ahora impera, que se ha demostrado inviable, insostenible, y lo decíamos aquí, mucho antes de la crisis y del IVA.

Me temo, y lo diré de nuevo, no me cansaré, que a la vista de los proyectos que circulan por ahí de los partidos emergentes, lo que se propone es cambiar de responsables, no emprender una reconstrucción, previo análisis en profundidad. Y eso nos abocará a volver a las medidas placebas, a crear unas expectativas que quizás tengan un recorrido de nos meses años para después volver a caer en el abismo del desencanto. Da lo mismo que lo diga y lo repita mil veces. Incluso con mis amigos más cercanos, con las personas que parece nos entendemos en un porcentaje amplio de las cuestiones, en cuanto tocamos este asunto, vienen las malas caras, los silencios, los argumentos del miedo. Y es que dicho de una manera algo extravagante, existe un terrorismo cultural, nadie se mueve porque teme que le quiten la miseria que le dan. Y esto es así porque consideran que se lo dan, no que se lo merecen o se lo ganan. Porque están convencidos de que el teatro es algo superfluo, un entretenimiento, y no un derecho cultural fundamental de los pueblos, de las sociedades.

Y lo digo, hoy, cuando ese NO, ese OXI, es un prefijo que me encantaría usar en casi cada sustantivo. Pero me quedo con la idea de que seguiremos luchando, sabiendo que a nadie le interesa mucho cambiar el status quo, entre otras razones, porque les han anulado la posibilidad de pensar más allá de las miserables subvenciones trapaceras, de las convocatorias de plazas para dirigir buques fantasmas llamados centros nacionales y de las plateas, las redes y la madre que parió a este sistema que solamente ofrece a la ciudadanía productos de consumir y tirar, no alternativas culturales y teatrales de futuro.

¡Viva Varoufakis! Ha sabido ser oportuno y digno hasta en su dimisión.