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Sáb, Sep

Pablo Messiez

José An. Montero entrevista a Pablo Messiez, dramaturgo y director teatral que estos últimos meses se ha dedicado a codirigir junto con Carlos Marqués-Marcet el capítulo 'Todo el tiempo del mundo' dentro de la serie 'Escenario 0', proyecto producido por Irene Escolar y Barbara Lennie para HBO Europa, y a publicar la primera parte de su 'Texto Infinito'. Este mes tenía previsto impartir un taller en las IV Jornadas de Formación Cuenca a Escena, que han sido finalmente aplazadas, y espera el regreso al Teatro Valle-Inclán de su último montaje 'Los días felices' de Samuel Beckett, que tuvo que ser suspendido. 

 

¿La crisis económica hará que muchos se rindan y no vuelvan a hacer teatro?

Yo no diría "rendir". Cada día me pregunto qué es el teatro para saber si yo quiero hacer eso. Está bien volver a preguntarse acerca del propio deseo y si uno tiene la necesidad de hacer una actividad no le detiene una pandemia ni nada. Si dejas de sostenerla es porque hay otra cosa que te hace más feliz. Yo creo que al final se trata de esto, de intentar ser más o menos felices en este mundo horrible. Muchas veces trabajamos por inercia, creemos que queremos algo pero estamos trabajando bajo mandado de otro o incluso con el propio pasado, con lo que se supone que habría que hacer después de lo que uno ha hecho, y creo que el vértigo de esta crisis está bien para preguntarnos otra vez qué queremos hacer, de qué modo podemos emplear nuestro tiempo. 

No parece que el confinamiento haya sido un gran motor creativo. 

Depende del caso. Es rarísimo, la verdad. A mí me ha afectado mucho porque ha sido una pausa obligatoria en la que yo por lo menos me di cuenta de que podía empezar una vida completamente distinta, dedicarme a otras cosas. Que eso que hacemos, eso que somos, puede cambiar en un modo muy rotundo. Mi experiencia me puso frente a frente con esa revelación. ¿Qué pasaría si ahora me dedico a hacer cine? O ¿qué pasaría si ahora me voy al campo y me dedico a tener un huerto? La detención obligada de la actividad, lo que hizo fue poner otras potencias, otras posibles derivas de la voluntad. Empecé a cocinar mucho más, a escribir poesía, a tener una vida mucho más calma. Y horrible. No quiero con eso romantizar o mitificar la idea, me parece que es un año espantoso y que lo que nos pasa es realmente doloroso, como la erupción de una tragedia de la que todavía creo que no somos del todo conscientes. 

'Los días felices', que ahora regresan, es una obra de lectura compleja, pero maravillosa de ver en vivo. 

Con Beckett me pasó algo muy curioso, Beckett deja poco espacio para la repercusión. Sus obras contienen no solo el texto, sino también el texto del cuerpo, las cosas que el cuerpo tiene que hacer. Ha sido muy interesante trabajar este texto porque es una obra extraordinaria y ha sido como estar al servicio de ese manual de instrucciones que aparentemente no deja espacio para nada, pero que sí deja espacio para la otra cuestión importante del teatro que es lo humano, la singularidad del intérprete. No es lo mismo un intérprete diciendo las mismas palabras y haciendo las mismas acciones que otro. Cuanto más límite hay, cuanto más predeterminada está la acción y la partidura, más espacio hay para reconocer la singularidad. Tener a dos personas haciendo cosas completamente distintas tiene un interés y teniendo a dos personas haciendo exactamente lo mismo tiene otro interés. Esto último es descubrir qué es aquello que hace a esa persona única, cuál es la singularidad de esa persona. Como diría Pessoa, aquello que solo esa persona pueda hacer aparecer. Yo creo que al final el trabajo en teatro nos permite entrar en esa búsqueda hermosa de la singularidad, de poder reconocer qué es lo que hace a esa persona singular, que hace que no se parezca a nadie ni nada. 

Planteas una forma de teatro en la que el actor no repita fielmente la obra como un texto completamente analizado y trabajado, y que deje cierta parte de interpretación personal a los espectadores.

Esto tiene que ver con la idea de dejar espacio para la repercusión. A mí, no me interesa hacer un trabajo de análisis, de mesa, muy profundo, que termine al final de quitarle posibilidad de sentido a la obra y atarla a un solo sentido. Prefiero trabajar la idea de una obra abierta con sentidos múltiples, en la que el espectador sea finalmente quien le otorga un sentido a la pieza. La tarea de los intérpretes es simplemente, y no tan simplemente, dedicarse a decir las palabras y hacer las acciones para ver qué repercusiones aparecen en el cuerpo y en la expresión al ponerse al servicio de este material. 

Eso aleja la posibilidad del mensaje unívoco.

Más que atar la obra a un sentido único, porque en este caso lo que puede pasar es que el teatro se convierta en una especie de altavoz de mensajes en vez que de ser una caja de resonancia de los sentidos de quien mira. Yo creo que si prestamos atención a cómo funciona el teatro y a la condición necesaria del encuentro con el público, es decir, si no hay público no hay teatro, entonces hay que darle un espacio a ese público, no solo como espectador pasivo receptor de discursos únicos y explicativos, sino como alguien que pueda realmente entrar en relación para construir un sentido a partir de lo que la obra plantea como material. 

¿El teatro no funciona si no existe la convivencia en un mismo espacio-tiempo? ¿Por eso se diluye el teatro en streaming?

Eso es lo que lo define, el elemento principal. Si no hay esa convivencia, lo que hay son actividades similares, el eco del teatro. Todo intento por sostener el teatro por otros medios, en realidad lo que genera son otro tipo de actividades que nombramos teatro pero que, como la función streaming, no son teatro. Es hacer un producto audiovisual. Lo único que tiene en común con el teatro es que estás compartiendo el tiempo, pero no es el tiempo la cuestión principal del teatro. Es el espacio, el espacio en que están conviviendo público e intérprete. Por eso cuando uno ve esas experiencias, al menos en mi caso, hay algo de melancolía. Termino triste después de ver una ópera filmada, porque uno recuerda que el teatro es otra cosa. Es como si te dieran una copia a la que le falta lo principal, o en términos gastronómicos una empanada sin relleno. No digo que esté ni bien ni mal, lo que pasa es que me parece importante que las cosas tengan el nombre que merecen, y el streaming no merece el nombre de teatro.

¿Cómo se reflejará en los escenarios futuros lo que nos está pasando?

Creo que esto que nos ha pasado, que nos está pasando y que tal vez solo esté comenzando, saber a dónde va estando en medio de la situación, hasta qué punto nos está afectando o nos afectará en nuestra actividad o en la vida cotidiana. Creo que la obra siempre se nutre de la experiencia, lo sepa uno o no, lo haga explícito o no. No hace falta poner el propio nombre a un personaje para saber que este personaje está haciendo de la propia imaginación o de la propia experiencia. Sin duda algo de todo esto se reflejará en la escritura de futuras obras.

¿Has regresado al teatro como espectador?

Lo pasé tan mal que no sé si volveré en estas condiciones. Estoy hablando de mi experiencia personal, no es que invite a la gente a no ir ni nada. También creo que tenemos que ir acostumbrándonos y a gestionarlo. Yo lo pasé bastante mal, no por la obra que no tenía la culpa, sino por todo el protocolo, la mascarilla, la distancia, una cierta tristeza que se percibía en el ambiente, el frío atroz que hacía en la sala, creo que también por protocolo sanitario. Es como ver la tele con interferencias, y tantas interferencias de cuestiones protocolares que entiendo que hay que sostener porque si no no se puede hacer, pero yo prefiero esperar un tiempo para volver al teatro. Me parece extraordinaria la gente que lo puede ver así porque es importante que las obras se puedan hacer, sería terrible tener que cancelar las obras otra vez como se está sugiriendo en algunos sitios. Si no queda otra hay que hacerlas así. Yo volveré en un tiempo porque en esta experiencia puntual que tuve no pensé "ay qué bonito, quiero volver al teatro". Quiero esperar un poco. Ahora estoy escribiendo con muchas ganas, pero echo mucho de menos el teatro. Iba mucho a teatro. Echo mucho de menos la experiencia tal y como era, pero si toca esperar, toca esperar. 

¿No se le está exigiendo mucho al teatro?

Totalmente. Tiene que haber teatro y con las condiciones que se están respetando, con muchísimo cuidado, con las mascarillas, la distancia y con el alcohol. Me parece absurdo cancelar los teatros después de haber abierto los bares. Hay pocos sitios donde uno está más seguro ahora mismo que en un teatro. Es por no pensar lo de siempre, no pensar puntualmente las cuestiones en vez de sacar patrones generales y pensar como si todo fuera lo mismo. Cada situación es muy diferente, lo que pasa es que las cuestiones económicas pesan mucho a la hora de tomar decisiones. El teatro no le importa a nadie. No es una industria, no genera grandes cantidades de dinero, no puede competir con los bares o con los hoteles. Está allí, como al final de la lista.