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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Hace unos años Peter Gordon, investigador del comportamiento de la Universidad de Nueva York, publicó un asombroso estudio sobre la tribu de los Pirahã. Según sus pesquisas, este pequeño clan amazónico de no más de 200 miembros posee uno de los lenguajes más peculiares y simples del planeta. Su alfabeto consta de sólo tres vocales y ocho consonantes, carecen de pronombres, oraciones subordinadas, tiempos verbales y, lo que resulta más sorprendente aún, apenas tienen palabras para los números.

Intrigado por esta falta de números en su vocabulario – a excepción de palabras que designan "uno", "dos" y "muchos" –, Gordon trató de comprobar si estos indígenas podían contar cantidades superiores a tres. Para ello puso en marcha diversas estrategias, instándoles a contar una gran variedad de objetos en diferentes situaciones, pero todas llevaron al mismo resultado: más allá del número tres, los Pirahã no sabían contar. Les daba igual cuatro que seis, cinco que diez, siete que muchos. Visto que sin tener palabras para los números a los Pirahã les era imposible contar, Gordon concluyó que, puesto que el lenguaje permite distinguir unas cosas de otras, éste afecta sustancialmente a la manera en la que el individuo percibe la realidad.

Dicho descubrimiento añade una nueva perspectiva sobre cómo piensa el ser humano. Si habitualmente se afirma que el pensamiento se articula y expresa gracias a las palabras, según el estudio de Gordon, también habría que pensar a la inversa, es decir: el tipo de palabras que se posee afecta significativamente a la forma de pensar. Así como un bosque determina el tipo de animales que pueden vivir en él y, al mismo tiempo, los animales alteran la biología del bosque en el que viven, palabra y pensamiento conforman también un ecosistema en el que ambos se influyen mutuamente. Dime qué piensas y te diré cómo hablas, pero también dime qué tipo de palabras habitan tu cabeza y te diré cómo piensas.

Asumiendo que las palabras son una de las materias primas con las que se elabora el pensamiento, uno puede formularse las siguientes preguntas: ¿Qué tipo de palabras escucho habitualmente? ¿Son palabras que recriminan? ¿Palabras que exigen? ¿Palabras que intentan vender? ¿Son palabras descriptivas, mecánicas, sin vida? ¿ O tal vez palabras que apenas disimulan el pálpito emocional que llevan dentro? ¿Escucho palabras poéticas que ocultan un doble filo? ¿Escucho quizá palabras que descubren nuevos conceptos? Responder a estas preguntas puede ser un ejercicio esclarecedor, pues es muy probable que nuestro pensamiento se esté elaborando en función de todas esas palabras que inadvertidamente se instalan dentro de nosotros.

Si ampliamos el zoom y pensamos en términos sociales, la cuestión nos conduce a lugares tenebrosos. Resulta que los periódicos más leídos son los deportivos, las revistas más vendidas las del corazón, y los programas de mayor audiencia los de cotilleo más chabacano. Vivimos en una población que escucha muchas más veces la palabra "gol", "árbitro" o "exclusiva" que palabras como "expresión", "cambio" o "comunicación". Es más fácil oír hablar de cirugía estética o de ruptura matrimonial que de modelos de felicidad o tendencias de pensamiento. Y por su puesto, las palabras que conducen a una descalificación superficial son muchísimo más frecuentes que aquellas que invitan a la reflexión. ¿Qué podemos esperar pues de una sociedad que es mayoritariamente alimentada con este tipo de palabras?

A menudo escucho que la palabra en teatro tiende a distanciar a los espectadores, pues cuando va cargada de su particular retórica y poética, se vuelve un lenguaje demasiado diferente al que la gente está habituada a escuchar. Es cierto. Ni en el cine, ni en la calle, ni siquiera en una lectura poética, se escuchan las palabras tal y como se vierten en un teatro. En mi opinión esta cualidad de la palabra en teatro más que distanciar al espectador, lo acerca. Lo acerca a un lugar donde las emociones y los pensamientos se expresan de una manera particular. Y donde, haciendo el recorrido inverso, las palabras y la forma en la que éstas son dichas, invitan al espectador predispuesto a pensar de otra manera. Lo cual, dadas las circunstancias, con la paradoja de estar obligados a desarrollar nuevas líneas de pensamiento teniendo escasos lugares para ello, no parece poca cosa.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€