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Vie, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Una de las cosas que más debo odiar en esta vida, son esas palmaditas en la espalda políticamente correctas destinadas a acariciar superficialmente el ego de quien las recibe pero que obviamente, terminan en nada.

-Muy bien hombre, sigue así y vas a llegar muy lejos (tap, tap, tap) media vuelta y si te he visto no me acuerdo.

-Me parece muy interesante tu trabajo, se ve que por ese camino tienes un gran futuro (tap, tap, tap) y a los 5 minutos el lisonjero ni siquiera se acuerda de la temática.

-Bien muchacho, muy, muy bien (tap, tap, tap) - ¿Bien por qué, si ni siquiera se ha tomado la molestia de preguntar algún detalle sobre la obra?

Durante nuestras vidas seguramente hemos recibido muchos golpecitos en la espalda e incluso hasta hemos creído ilusamente en las palabras complacientes que suelen acompañarlos pero al poco andar lastimosamente nos damos cuenta de la falsedad de ese acto tan frecuente.

Incluso nosotros mismos hemos recurrido a esta técnica hipócrita para quedar bien con nuestro interlocutor aunque estemos en completo desacuerdo con su trabajo solo porque es un amigo de un amigo, pariente de un pariente o podría hacernos un buen contacto para lograr algún día nosotros mismos esas palmaditas en la espalda.

Muchos creadores saben a qué árbol arrimarse para recibir buena sombra y palmaditas materializadas en algún tipo de subvención pero creo sinceramente que los verdaderos creadores, esos que trascienden a su tiempo, no buscan reacciones políticamente correctas, quizás ni siquiera tengan claro cuál es el objetivo de su búsqueda creativa pero de lo que si estoy seguro es de que lo hacen desde el más puro deseo incontrolable de expresar su verdad independiente del halago fácil, la crítica constructiva o el comentario demoledor.

Un verdadero creador es quien se sobrepone al consejo de su ego inseguro en búsqueda constante de complacer a los demás. No pinta un cuadro rojo para hacer juego con el mobiliario de la sala de estar ni compone música pegajosa para transformarse en un hit multimillonario ni tampoco escribe una obra de teatro para halagar al dictador de su país.

Para bien o para mal, la historia parece demostrarnos que aquellos creadores que han trascendido hasta nuestros días gracias a su trabajo creativo, en su época no fueron muy bien vistos ni por la sociedad ni por sus pares.

Un artista es quien vive por, para y gracias al arte. Lo de por y para pareciera más fácil o al menos probable pero lamentablemente es saboteado por eso de ""gracias a".

¿Cuántos grandes creadores murieron en la miseria material?

La lista pareciera interminable pero afortunadamente existieron y creo firmemente que a pesar del mercado de cuadros rojos, seguirán existiendo para alimentar con su arte el espíritu humano.

El ser humano se mueve la mayor parte del tiempo, sino todo, impulsado por su ego y esas palmaditas en la espalda, no pretenden otra cosa que llegar al ego de quien las recibe para de una u otra forma complacerlo y poder manipularlo.

Es difícil negarse a una caricia a nuestro motor pero debemos ser capaces de discernir entre un halago sincero y otro que solo pretende manipularnos para llevarnos a producir cuadros rojos.

No a las palmaditas en la espalda y si a los abrazos.