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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Como muchos de ustedes sabrán, en Girona, las gentes del Teatre Bescanó, han encontrado una ingeniosa manera de sortear la demencial subida del IVA al 21% en el precio de las entradas, y para ello, han decidido que si usted es un espectador, en vez de comprar la entrada, compre un kilo de zanahorias, y ellos, le regalan la entrada gratuitamente. Los alimentos de primera necesidad están gravados con un 4% de impuesto del valor añadido. La idea se puede extender, y puede llevar a la reconversión de las propias salas en fruterías, a ser posible ecológicas, lo que nos uniría más a la madre tierra.

Esta ingeniosa iniciativa que, insisto, puede ser imitada para salvar un poco la situación, me lleva a esa imagen popular del palo y la zanahoria, y que este desgobierno de los banqueros del Opus Dei nos está aplicando de una manera sistemática, aunque parece que están solamente en la fase del palo, y no saben cuál va a ser la zanahoria, pero que me malicio yo que de cumplirse todos los avisos que se nos lanzan que va a ser precisament, el IVA con el que ahora peleamos. Sí, me explico un poco más. Están preparando nuevos ajustes económicos, más salvajes todavía, y se habla de un recorte lineal del 25% en los asuntos de Cultura, que afectaría, ojo al dato, incluso a los presupuestos, ayudas y subvencions ya aprobadas. Ese desastre, ese palo, uno más, seguro que sería contestado por el gremio, pero aparecería la zanahoria para una parte del sector y sería la de rebajar el IVA del 21% actual a otro menor. ¿El 15? Venga, lo dejamos en el 12%? Porque al 8% no van a volver, que sería el 10%, según la última subida.

Lo cierto es que este gobierno lo que crea es desconfianza, incertidumbre y desasosiego. No tienen claridad, no ofrecen ninguna expectativa, pero ya que estamos hablando de impuestos, yo maldigo a aquellos que de manera muy española se jactan delante de todos de no pagar, de buscarse las maneas más cutres para pagar menos impuestos que los que deberían. Y me refiero a los profesionales de las artes escénicas, no a los delincuentes habituales de las grandes fortunas. Porque hay que recordar, una vez más, que esa subvención que recibíamos, esa sanidad que teníamos, no era un regalo del Estado, ni fruto de las plegarias de los ultra católicos, sino que llega de los impuestos. De los directos, que son los más justos, en teoría, pero también de los indirectos, de los que pagamos todos en la misma cuantía, sea cual sea nuestro poder adquisitivo. El IVA es un impuesto general. Por lo tanto, todos los individuos que en el territorio español se toman un café, compran un preservativo o viajan en autobús, pagan impuestos y deben ser atendidos por ese Estado.

Se entiende que la gente de rebele contra las injusticias, que es injusto que no se pueda marcar en la declaración de la renta el destino preferente de nuestros impuestos, que no exista la objeción fiscal militar, pero todo lo que el Estado, en sus diferentes formas, central, comunidades autónomas, diputaciones, ayuntamientos, revierte en cultura, sanidad, educación y demás servicios, antes ha salido de los impuestos de los ciudadanos. No al fraude fiscal. Digámoslo bien alto, porque esos señores que nos dan con el palo cobran de nuestros impuestos, por si no se sabía.

Y para terminar la homilía de hoy, un detalle que me deja un poco desconcertado. Los teatros institucionales como el CDN y otros, no tienen IVA en sus entradas. No tengo opinión formada al respecto. Pero en primera instancia me parece que se crea una brecha más ancha entre los teatros con todo pagado (por todos los ciudadanos), y los privados, con todo por pagar.

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