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Vie, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Gran camioneta, desde la que se tiene que bajar des escalándola por una escalerilla pretendiendo ser pisadera, con un corral completo de caballos de fuerza en el motor, por supuesto de color rojo llamativo, el color de la furia, enooooorme, inversamente proporcional a su capacidad de ser por sus capacidades sociales. No cabe duda que en los negocios o cualquiera sea la actividad económica en la que se desarrolla para financiar su vida y por supuesto, echarle combustible a su joyita, es tremendamente exitoso pero en lo que se refiere a las relaciones humanas, un completo fracaso.

Todos los días veo salir a mi vecino desde su casa hacia el trabajo que no está tan lejos, incluso podría irse caminando pero no.

Se sube orgulloso a su posesión más preciada que cuida como el mayor de los tesoros ya que todos los domingos por la mañana en vez de ir a misa, repite el ritual místico de limpiarla durante horas y horas. Si hasta parece necesitar de una arsenalera que le vaya pasando los diferentes utensilios que necesita para llevar a cabo su labor. Seguramente por temor a rayarla nunca la usa para transportar ningún tipo de carga a pesar de que teóricamente esa es su función.

Por las noches la cubre con una tela para que la contaminación de la ciudad no le arruine la pintura.

La camioneta es tan vistosa que difícilmente pasa desapercibida, de lejos la reconozco y aunque vivimos separados por un simple muro, a mi vecino ni siquiera lo conozco.

Una vez traté de saludarlo pero subió tan rápido a su camioneta e hizo rugir el motor que seguramente no escuchó mi amistoso "buenos días vecino".

Aunque todos tenemos en diferentes proporciones las mismas características de seriedad, inteligencia, simpatía, amabilidad,..., muchos en vez de potenciar aquello en lo que se sienten más cómodos o tienen ventajas comparativas, prefieren ponerse la máscara del serio, la máscara del inteligente, la máscara del simpático, la máscara del amable, la máscara del... y por ser una máscara, tarde o temprano se descubre su mediocre representación al tratar de ser lo que no son.

Mi vecino, al ponerse la máscara del todopoderoso seguro de si mismo, no solo se pone una careta sino que un uniforme completo de color rojo furioso. Al montarse sobre su grandiosa máquina roja, mi vecino está evidenciando su inseguridad al tratar de vestirse con ese uniforme de poder que francamente no es de su talla. Un poder vano ya que el efecto de impresionar sólo funciona la primera vez, quizás la segunda pero a la tercera, es evidente lo innegable; su monstruosa inseguridad.

¿Será por eso que los hombres con dinero al llegar a viejos se compran un convertible rojo?

Indudable.

Todos y cada uno de nosotros en algún momento de nuestras vidas debemos representar un personaje que no somos.

Quizás el momento en que se hace más evidente esta representación de un personaje que no somos, es al momento de tener una entrevista de trabajo. Hemos revisado tutoriales en internet, preguntado a amigos con más experiencia y terminamos siendo quien creemos debemos ser para obtener el puesto de trabajo.

La expresión patológica de esta conducta podría ser la mitomanía ya que de tanto contar falsedades como verdaderas, el mitómano termina siendo modelado por sus propias mentiras.

Todos representamos diferentes papeles todos los días de nuestras vidas.

Al menos hagámoslo bien y con la honestidad siempre por delante para no ir en contra de nuestros propios principios.

Después de todo el enano de mi vecino me alegra la vida montado sobre su castillo de naipes rodante.