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Sáb, Abr

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Los perros de ciudad criados principalmente por el estatus que brinda su posesión más que por el tiempo de amistad compartida con esos fieles animales, han generado un nuevo campo de trabajo; todo lo relacionado con medicina veterinaria especializada, alimentos específicos, juguetes, incluso psicólogos para mascotas y como olvidarlos, los paseadores de perros.

Para rentabilizar su ocupación, evidentemente estos nuevos profesionales, mientras más perros paseen, más ganan.

2 o 3; recién comienzan.

7; va bien la cosa.

Más de 10, el negocio va viento en popa.

Cuando los paseantes levantan la pata para marcar su territorio que termina siendo el de todos, no pasa demasiado porque mal que mal, la marca termina evaporándose, pero cuando sus necesidades son más sólidas, como es imposible que esa materia orgánica sea absorbida por el asfalto, un verdadero paseador de perros profesional lleva bolsitas de plástico para ir recogiendo y recogiendo.

Existiendo la posibilidad de bolsas de colores, parece que las transparentes son más baratas. Desde lejos la vi casi remolcada por una decena de perros y por supuesto paseando mierda. 7 perros de variadas razas y un mestizo discordante, bolsitas de plástico transparentes repletas de algo así como piedras en su interior, era evidente, no solo paseaba a los perros.

¿Cuánta gente, sin ser necesariamente paseadores profesionales de perros, pasean mierda? ¿La propia y la de otros también?

Al menos la profesional terminará la jornada llevando de vuelta los perros a sus hogares y estoy seguro, botará las bolsitas en el primer basurero que encuentre.

En cambio, nosotros no solo paseamos nuestra propia mierda, sino que la acumulamos y nos hacemos cargo de la ajena también.

En las grandes ciudades donde el asfalto se ha apoderado hasta del último rincón posible y los parques solo parecen accidentes entre las avenidas, basta con ver las caras de sus habitantes transformadas en bolsitas de plástico transparente donde se hace evidente la mierda que pasean casi con orgullo. Pareciera que la cara más desagradable termina ganándose el premio mayor. Marcan sus territorios no con orina sino con prepotencia de esa que se lleva el viento, aunque un aura siempre quede.

¿Y el basurero? ¿Dónde encontrar el basurero donde botar tanta mierda?

Yoga, deporte, jardinería, un hobby cualquiera, ojalá una pasión compartida con otros "desadaptados", son alternativas posibles para diluir al máximo tanta negatividad creciente.

Abducidos por la vorágine del mundo contemporáneo en el cual nos ha tocado vivir, híper conectados con miles de problemas y desconectados de las pocas alegrías, se nos hace cada vez más difícil el no pasear mierda.

Como en todo ciclo biológico, es imposible el no generarla pero por nuestra salud mental y la de nuestros afectos, debemos encontrar la válvula de escape adecuada que nos permita descomprimir tanta tensión.

¿Cual?

Cada uno lo sabe o terminará por saberlo en su fuero interno. Eso si toma conciencia de la imperiosa necesidad.

Por el bien de todos, sigamos paseando perros, pero no su mierda y mucho menos la nuestra.

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