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Jue, May

¿De qué sexo es la palabra? | Marianella Morena

A veces me cuesta entender algunas reacciones o decisiones actorales, no con respecto a la producción para la escena, sino con respecto a cómo manejan su vida profesional.

Esta profesión es tanto lo que te pide, lo que te exige, en relación a lo que te da, que si no entendiste eso si no tenés la llama ardiendo las 24 horas , no funciona.

La pasión es la madre de las decisiones, la que te inclina a tener un valor sobre algunas acciones y no estás pendiente sobre qué dejás, sobre qué costo tiene. La pasión sostiene lo imposible: la supervivencia, en un mundo agotado de dificultades, frustraciones. La pasión en esta forma de vida es la que te impide hacer especulaciones sobre el 10 % de posibilidades que tenés que te vaya bien(y fui generosa) y bien no implica ganarte la vida económicamente, ya esa combinación es un privilegio de pocos, de apenas unos pocos en el mundo occidental conocido.

Por eso si no tenés pasión no le hagas perder el tiempo a quienes la tienen y concentrate en tu delgada emoción y juntate con los dietéticos del sentimiento, los que eligen en relación a lo que se debe ser, las cuentas y las "famosas prioridades". ¿Qué será eso? Nunca entendí. Uno vive, uno siente, uno tiene pulsiones, parece la frase de barrio, ¿Qué es más importante tu trabajo o yo? No se puede crecer siendo tan infantil y primitivo.

No corren más esas formulaciones. No en cabezas contemporáneas y hambrientas de más.

Yo quiero más, y quiero gente que quiera más. Quiero caminar con el compromiso, el compromiso de estar e ir por ese corazón demoledor que es la creación escénica. Cada uno en su rol, sin importar nada, sin estar pendiente de lo que el afuera nos diga, grite o susurre. Aferrados a la ilusión, porque no hay método más saludable que mantener la ilusión, para ser pesimista está la realidad y sus innumerables números, sus incansables cifras, sus inagotables prácticas contra la inocencia. Eso no quiere decir que tengamos que ordenar el bien y el mal de acuerdo a las convenciones sociales y sus morales. En nuestro acuerdo, nosotros vamos por ese más que nos indica la desesperación de ser a través del acto creador.

Por eso, sin pasión nada tiene sentido, ni la decisión de ser actor, actriz, ni la importancia de nada. No hay nada después de la falta de pasión. Nada.

La pasión genuina, no refiero a estallidos catárticos o una inmadurez emocional, ni una violencia solapada. La pasión es la que te lleva a la generosidad, a la honestidad y a la verdad que se necesita, no a la verdad ajena. Con pasión se negocia, sin pasión uno se somete.

Por eso, no quiero quedar presa de firmar contratos para contar con tu palabra, para saber que querés trabajar conmigo, quiero encontrarme con esa gente, con esos artistas que caminan al lado sin la obligación firmada. Libres y amantes. Y cuando el amor se termina se irán solos y nadie pedirá explicaciones ni las exigirá ni cerrarán la puerta. Pero quiero ese compromiso, porque sin ese compromiso nada es posible, y cuando digo nada, es eso: nada.

La pasión es la que debemos tener a mano y no apagarla en este carrusel absurdo que es lo cotidiano y sus métodos devoradores , donde a veces estás sangrando e igual seguis de pie sin darte cuenta donde está lo importante.

No dejemos que lo esencial de nuestro ser sea desperdiciado por nosotros mismos. A veces, las luchas son con uno, a veces el enemigo está agazapado en nuestro interior y nunca lo vemos. A veces queremos vivir con ese enemigo que somos nosotros mismos.