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Vie, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Con el sacro santo advenimiento contemporáneo de la tecnología en comunicaciones, nuestro desmejorado planeta que alguna vez fue inmenso y en equilibrio perfecto, se ha reducido al tamaño de una nuez inestable.

Dos tecleos y podemos saber con lujo de detalles la predicción meteorológica para Caspana, un pequeño poblado de no más de 100 habitantes en el desierto altiplánico del norte de chile o enterarnos del complicado estado de salud de un Panda enfermo por un virus parecido al sarampión en la provincia noroccidental china de Shaanxi.

¿Caspana? ¿Shaanxi?

Ya no importa realmente donde pero sabemos o al menos creemos saber lo que pasa en todos los rincones de nuestro planeta aunque esto no tenga ni la menor influencia real en nuestras vidas.

El espacio físico parece haberse difuminado entre los ires y venires de bits histéricos.

Los términos Bits, Kilos, Megas, Gigas, Teras, Petas, Exas, Zettas, Yottas, donde Yotta son apenas 2 elevado a 80 bits de información, es decir; 1.208.925.819.614.629.174.706.176 bits de conocimiento humano, tanto del bueno como del malo, en lo personal me tienen total y absolutamente mareado.

¿Cuánto representan tantos números en términos de información? ¿Y de conocimiento?

Lo ignoro y la verdad no me importa demasiado.

Mientras más se, menos se y parece que la información es tanta que ya no tenemos conocimiento.

Yo, un simple mortal de a pie, no sé nada de mecánica y la electricidad me da pavor, pero uso mi vehículo a diario y por la noche prendo la luz sin necesitar saber nada sobre la teoría o mecánica de las cosas para usarlas.

Me parece que la humanidad también está mareada con tanta información de la buena y de la mala; estamos perdidos en el espacio.

Aparentemente ya creemos saber suficiente sobre la mayoría de las variables referidas al espacio físico pero así como el universo se está expandiendo ¿o contrayendo? El espacio social se está agrandando hasta los límites del misterio.

Ya tenemos tan poco tiempo por estar prisioneros del teclado metidos en chats con personas del otro lado de la pantalla, que hemos olvidado lo más importante en cualquier acto comunicativo; el contacto directo. Una mirada, un tono, un acercamiento, un apretón de manos, jamás podrán ser reemplazados por emoticones incluso animados, por muy simpáticos que estos sean.

El partido de futbol con los amigos de la cuadra, improvisando arcos con los chalecos, ha sido reemplazado por niños autistas aislados de la realidad por sus audífonos, que juegan futbol en grandes ligas internacionales con compañeros de equipo de otros países, tan autistas como ellos mismos.

Estamos perdidos en el ciber espacio y cada vez que creemos estar llegando a un buen puerto, aparece un hipertexto que nos lleva a otro lugar y a otro y a otro sin dejarnos nunca respirar para inhalar contacto real con otros seres humanos.

No reniego de la tecnología, solo digo que no debemos dejar de lado el tú a tú directo.

La realidad virtual parece ser la nueva serpiente capaz de seducir nuestras conciencias para aislarnos definitivamente.