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Lun, Nov

Foro fugaz | Enrique Atonal

 

La escena, espacio en tres dimensiones, con aspiraciones hacia la cuarta; ahí se convergen el humano actor, y el espectador humano, a veces divididos en dos secciones bien determinadas, a veces integrados en un mismo ámbito, sin división exacta entre escenario y butacas. Ahí respiramos el mismo aire, nos alcanzan los mismos olores, y los humores (risa y llanto como su emblema) nos bañan al unísono. A diferencia del público del cine o de la televisión, que están confinados en sí mismos, en el teatro compartimos mundos, la escena, la obra y sus efectos, los cinco sentidos entran en acción y si lo buscamos, hasta un posible sexto sentido. 

Ahora bien, recientemente hemos comprobado que a través de la piel se penetra al centro del ente vivo. Por la piel eliminaron al medio hermano del dirigente coreano Kim Jong-un, el infortunado Kim Jong-nam, en el aeropuerto de Malasia. Por la piel intentan asesinar en el sur de Inglaterra, con pseudos perfumes al ex espía ruso Skripal. Por la piel se asesina en forma masiva con el terrible Napalm y las armas químicas producen sus nefastos efectos. Bueno, esto no es una denuncia policiaca o política, lo que intento es advertir que por la piel y el olfato se comunican emociones, de manera tan fuerte como con la vista o el oído. Así que los actores en un foro nos transmiten sus emociones también por la atmósfera, afirmo que hay un perfume de teatro, que recibimos en la piel (tacto) y el olfato un mensaje profundo. El teatro huele diferente, sabe distinto, su textura es animal y espiritual. 

Recordemos que en el Sabbat las brujas se untaban ungüentos, presumiblemente de belladona, para realizar sus viajes hasta el sitio ceremonial en donde realizaban sus aquelarres. Estas pomadas tenía la virtud de la transformación y el viaje. Así nuestro teatro, un centro ceremonial para reír y/o llorar. Imaginemos que en un escenario se quema incienso, sándalo, copal o mirra, este perfume alcanzará de inmediato a la sala y nos transportará a otros ámbitos, unidos actores y espectadores. Este ejemplo es burdo, hay otros más sutiles e igualmente eficaces, digamos el olor del llanto, el efecto de las lágrimas en la piel, el sabor de la saliva durante una escena. También podemos preguntarnos, cuál es el humor de la alegría, del dolor, de la ira que nos transmiten los actores, cuál es el que producen nuestros vecinos de butaca. ¿Por qué un teatro vacío es lamentable, mientras que una sala de cine vacía es muy aceptable? El teatro es ceremonia, puede ser ramplona o universal, siempre un rito añejo.

Comunión, no sólo de vista y oído (muy importantes), también del aire que respiramos con los actores, de los humores como ungüentos que nos hacen viajar, de los olores: somos en compañía de aquellos con los que nos guían en el viaje, de los actores y del público que por casualidad se reúne en la sala. No sólo el entendimiento interviene, también la piel recibe su mensaje. Es decir que actores y espectadores comprometen el pellejo en cada puesta en escena. 

Mientras la voz es el instrumento del conjuro, no sólo por el significado de los vocablos, pues las ondas sonoras nos abarcan globalmente para convertirse también un mensaje para la piel. 

Por estas razones el espacio escénico es insustituible, trátese de drama, circo, danza, u ópera.  

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