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Lun, Dic

Velaí! Voici! | Afonso Becerra

Certámenes y concursos, festivales y programaciones, igual que la industria audiovisual, premian y programan “productos” de éxito. El teatro y la danza son artes vivas, no reproductibles. La magia del directo y de la experiencia compartida no puede ser comparada con los productos acabados virtuales de internet y del mundo audiovisual. No se trata solo de las emociones, pensamientos y afectos que suscite la obra, porque, en este caso, una obra virtual, en 3D, una obra literaria, una pintura, una escultura, una película, también pueden suscitar emociones, pensamientos y afectar(nos). Sin embargo, lo que nunca va a producirse es esa interacción rítmica real, en la que se genera un flujo de energías y tensiones, derivadas del hecho de compartir un espacio y un tiempo comunes, derivadas de la co-presencia. Las intuiciones comunes, la escucha integral común (de actrices, actores, espectadoras, espectadores), las respiraciones, los silencios densos, las inquietud, la electricidad o la sensualidad flotando en el aire… y un sin fin de sensaciones y matices, hacen de las artes vivas y efímeras una experiencia vital intensificada exclusiva, extraordinaria.

 

A mí me resulta muy curioso observar cómo la propia naturaleza del teatro y de la danza está muy ligada a esa circunstancia tan humana: la fragilidad de las relaciones que se establecen, su apertura, su flexibilidad… también la necesidad de generar un entorno especial de complicidad y sinergia, de comunión (vinculado, todo esto, a los orígenes antropológicos del teatro en el ritual dionisíaco).

Sin embargo, la era capitalista del marketing nos ha ido inculcando y naturalizando la idea de que cuando escribimos una pieza teatral o cuando ensayamos un espectáculo debemos llegar a un producto cerrado, que se venda, que pueda tener éxito, que sea sólido, fuerte, que no tenga fisuras ni debilidades.

Por eso los concursos, los festivales, los teatros y sus direcciones artísticas acaban por premiar y programar productos de éxito, acompañados de campañas de marketing similares a las de otros productos de consumo fungibles del mercado global.

En Galicia, desde la Sección de Literatura Dramática de la Asociación de Escritoras/es en Lengua Gallega, AELG (www.aelg.gal), hemos realizado, por segundo año consecutivo, el Festival Pezas dun Teatro do Porvir, Galiza + Portugal, que se ha celebrado en A Coruña el sábado 23 de noviembre de 2019.

Hemos decidido llamarlo “festival” para apelar a un ambiente de fiesta y celebración. Y “piezas de un teatro del porvenir” para referirnos a esos proyectos que se orientan a los escenarios y que están aún en fase de prueba. Piezas que están aún en el proceso de nacer o de madurar. Piezas heterogéneas que pueden tener una base textual y literaria o no. Piezas de una dramaturga/o o de un colectivo.

Echábamos de menos un espacio, tipo vivero, que acogiese procesos de creación dramatúrgica en su estado germinal, en su momento, quizás, de mayor vulnerabilidad y flexibilidad. Un espacio para que los sueños y los planes de una dramaturga o dramaturgo, o un equipo de dramaturgia, puedan encontrar una retroalimentación y una complicidad con otras personas que no conocen su proyecto y que, sin embargo, pueden aportarle algo.

No acaba de parecernos “natural” del todo que una escritura que se dirige a los escenarios y a lo comunal, se fragüe totalmente en la soledad de principio a fin, hasta que la obra está cerrada. Esto, como he explicado, parece contrario a la propia “esencia” de lo teatral, de las artes vivas. Hay algo, en esa imagen de la dramaturga o del dramaturgo aislado en su estudio, como si fuese un novelista o alguien que está escribiendo un libro, que choca con la propia orientación de esa escritura teatral. Por eso, creemos, en la AELG, que es necesario un espacio de apertura de los procesos, para que, en alguna de sus fases, tengan la oportunidad de abrirse y respirar en comunidad.

Claro, ese espacio debe ser un lugar especial, un lugar de cuidado, donde no se vaya con la intención finalista del éxito, del aplauso y ya está. Debe ser un lugar donde se pueda fomentar la complicidad y el diálogo distendido y respetuoso, empático y sincero. Un lugar en el que se pueda producir una confianza suficiente como para que, por ambas partes, quien presenta su proyecto y quien asiste a esa presentación acompañándola, se puedan sentir a gusto y desnudarse metafóricamente.

Es muy posible que este Festival Pezas dun Teatro do Porvir no sea un festival para todos los públicos. Seguramente se trata de una cita para personas con curiosidad y sensibilidad en el ámbito de la creación artística. De todas formas, me pregunto: ¿existen, realmente, festivales, espectáculos y obras para todos los públicos?

Siempre me ha hecho gracia escuchar a algunos programadores, generalmente técnicos de cultura de ayuntamientos, cuando dicen: ese espectáculo no es para mi público o no es para todos los públicos y yo necesito atender a todos los públicos. Me hace gracia porque resulta que esos programadores dicen que atienden a todos los públicos, sin embargo a mí no me atienden. Quizás porque yo no soy su público o quizás porque no formo parte de ese “todos los públicos”. Esa es la razón por la que tengo que marcharme a Portugal o andar de viaje para poder ver los espectáculos que a mí me interesan y atraen: fundamentalmente porque no hay ninguna programación a mi alrededor que satisfaga mis necesidades como espectador. Así que… eso de “todos los públicos” debe de ser falso, porque si fuese cierto, entonces yo no necesitaría viajar para ver la danza y el teatro que me apetece ver.

Una vez aclarado esto, puedo afirmar, sin  complejos, que el Festival Pezas dun Teatro do Porvir tampoco es un festival para todos los públicos. Es solo para personas que tengan curiosidad y una sensibilidad respecto a la creación artística, personas que piensen que las artes son necesarias para la existencia del ser humano y no un mero producto de tiempo libre y de entretenimiento. Por esta razón, juzgo muy necesaria la existencia de este festival.

Un festival que piense, en primer lugar, en el compromiso con las artes escénicas y con las/os creadoras/es. Un festival que, además, le atribuya al público el rol de colaborador y, por tanto, también de creador.

También es necesaria su existencia porque en Galicia no tenemos instituciones públicas que protejan y promocionen la creación y mantenimiento de las artes escénicas. Las artes escénicas gallegas, también la literatura dramática, están absolutamente marginadas y minorizadas a todos los niveles (no hay residencias para proyectos, y si las hay son mínimas, insuficientes y precarias; apenas se editan textos relacionados con las artes escénicas, ni de creación ni de ensayo; no existen políticas de promoción ni de exhibición regular, los teatros están cerrados muchos más días de los que están abiertos, etc., etc. etc.)

También es necesaria la existencia del Festival Pezas dun Teatro do Porvir porque la convocatoria pública, que se lanzó a través de las redes sociales, por internet, para 6 propuestas, recibió un total de 16 proyectos o procesos de creación que deseaban abrirse y encontrar un diálogo. 16 proyectos, 4 portugueses y 12 gallegos, de creadoras/es con un currículum considerable y con unas formulaciones muy fundamentadas y trabajadas.

El comité de selección de la AELG, debido al tiempo disponible para la celebración del festival y al presupuesto económico, tuvo que elegir 6 propuestas. Quizás elegimos aquellas más desafiantes y arriesgadas, aquellas más delicadas y utópicas, pensando en que este era el espacio, como he señalado, para disfrutar de lo frágil y lo flexible. Quizás porque ya estamos cansados de programaciones que no se permiten el desafine ni el temblor del fracaso y solo persiguen el éxito, aunque este sea vacuo e inocuo.

Así pues, el II Festival Pezas dun Teatro do Porvir, Galiza + Portugal, con Cilha Lourenço, Cesáreo Sánchez, Ramiro Torres y yo mismo, con el respaldo de la AELG, organizamos una cita que, por segundo año, resultó emocionante e intensa, llena de descubrimientos y revelaciones.

Formaron parte del cartel:

A Feroz, con Santa Inés

Fernando Epelde y Carlos Losada, con Mal Avenida

Carlos Labraña, con O rocho (El trastero)

Marta Figueiredo (Portugal), con Grada Família

Ernesto Is, con Desertos ou A resaca dos profetas (Desiertos o La resaca de los profetas)

Laura Porto, con O senso da floración (El sentido de la floración)

A Feroz es un equipo formado por Lorena Conde e Inés Salvado. Santa Inés se nos presentó como un texto de afilada poesía, capaz de perturbarnos por sus apelaciones tanto a la mística, como al erotismo, como a la violencia patriarcal ejercida sobre las mujeres y sus cuerpos. La presentación, con Inés actuando, está a medio camino entre la performance y la instalación. En asociación con la acción verbal, la performance nos ofrece una serie de imágenes muy icónicas y de figuras alegóricas renovadas, como ese lobo con la faz de flores y el cuerpo desnudo de una mujer, o al revés, esa mujer desnuda con una máscara de lobo en flor.

Santa Inés tiene también momentos de auto-ficción biográfica, al recordar las visitas de la actriz, cuando era una niña, junto a su abuela, a las Clarisas y observar el enorme cuadro con la imagen de Santa Inés. A partir de ahí se citan algunas de las mujeres místicas y poetas que habitaron en conventos y que, de alguna manera, fueron apagadas por la historia. La pieza se atreve a explorar el terreno de la mística desde la sensibilidad del momento actual.

A Feroz estrenará Santa Inés el 20 de diciembre, en la Iglesia de la Universidad de Santiago de Compostela.

Fernando Epelde y Carlos Losada presentaron Mal Avenida. Epelde hizo una exposición de su proyecto, utilizando fragmentos de vídeo. Mal Avenida reúne a algunas y algunos de los protagonistas de una serie juvenil de televisión, del canal autonómico, realizada hace 20 años, entre los que se encuentra el propio Fernando Epelde o su colega de Voadora, Marta Pazos. También utilizan personajes muy populares y surrealistas de la tele de aquella época, como el esqueleto Atilano del programa SuperMartes.

Un retrospección de 20 años, al inicio del siglo XX, en la que no solo se genera una tensión entre la estética actual y la de aquel momento, sino también entre la de unas personas en diferentes edades. Un juego caleidoscópico en el cual el humor y la comicidad del material atenúan su posible carga nostálgica. El caleidoscopio de la memoria a través de un grupo de personas, algunas que ya no se dedican al mundo de la interpretación, intentando recordar aquellos años efervescentes de la post-adolescencia, de aquella aventura en una serie rodada a toda velocidad.

Parodia, documental, auto-ficción, collage y choque de estéticas, desdoblamiento de tiempos en el visionado de las mismas personas 20 años atrás.

El proyecto está en proceso y Epelde aprovechó la conversación, posterior a la presentación, para pulsar nuestras impresiones al respecto y reflexionar sobre algunos aspectos.

Carlos Labraña es uno de los dramaturgos más premiados y editados en Galicia de piezas para la infancia y la juventud. O rocho (El trastero) es su primera propuesta para adultos y, además, se trata de un texto que no se rige por las convenciones generales del drama. Un texto en el que se atreve con la auto-ficción de momentos vitales que, de alguna manera, suponen una disección y una liberación de la persona que nos habla. El texto tiene una tendencia rapsódica, confesional, y se adentra en zonas oscuras y, por veces, disparatadas. La metáfora del trastero, en el que acumulamos objetos inútiles vinculados a nuestra historia de vida, es el centro pivotante no solo del texto, sino también de la presentación que Carlos nos ofreció. Una presentación en la que hizo gala de una enorme generosidad, poniendo toda la carne en el asador. Fantástica la imagen del dramaturgo, casi como un clown, saliendo de un enorme embalaje entre un montón de cajas.

El texto está en fase inicial y Labraña nos pedía nuestro parecer sobre por dónde creíamos que podía tirar.

Marta Figueiredo (Portugal) presentó un formato tan inhabitual como comprometido y poético en Grada Família.

Realizó el simulacro de recibirnos en su casa, de hacernos sentir como en casa y, como anfitriona, invitarnos no solo a unos pasteles portugueses deliciosos y un vino, sino también al juego con una serie de pequeñas historias tan fascinantes como reveladoras.

Marta Figueiredo ha creado sus textos a partir del reciclaje de folletos que le llamaban la atención, folletos de teatros, de un vino, de un viaje, que guardaba en casa sin saber muy bien por qué los guardaba y por qué no los tiraba a la basura. Con esos folletos, borrando algunas palabras y, a veces, añadiendo otras, compuso unos textos tan bellos en el soporte material, como en su polisémico poder evocador. Textos polimorfos y polisémicos que nos invitan a cooperar, a convertirnos en coautoras/es, de una manera parecida a lo que hace este Festival Pezas dun Teatro do Porvir.

Libros de autora, objetos artísticos, que nos permiten sentir su factura artesanal y que pasan de mano en mano, mientras Marta nos lee algunos fragmentos.

Una familia de textos que nacieron a partir de palabras e imágenes ya existentes, ya leídas, vistas y manoseadas, que pretenden entrar en una casa para ser compartidos por una familia y, después, ir pasando a otra casa y a otra familia, hasta que todos ellos recorren todas las casas y, al final, se encontrarían en una casa en la que se produciría una escenificación, aquí ya con actrices y actores, que darían vida a esas historias uniéndolas.

Un proyecto utópico que pone en foco la comunidad, la participación, la convivencia y el reciclaje.

Ernesto Is, presentó los primeros bocetos de Desertos ou A resaca dos profetas (Desiertos o La resaca de los profetas). Lo hizo en una lectura junto a la actriz Sonsoles Cordón. El diálogo de una pareja, que puede se heterosexual u homosexual, o sea, más allá de las prescripciones del rol de género, nos lleva a un terreno en el que el propio texto, como objeto, parece afectar e influenciar la relación de la pareja.

Sin duda, a mí fue el aspecto que más me sorprendió y me hizo flipar: una especie de relación a tres bandas: dos personas, que casi no acaban de configurarse como personajes, en su indeterminación y complejidad, y un texto, como entidad actuante y capaz, por si mismo, de mover los hilos.

El dramaturgo Ernesto Is, Premio Rafael Dieste 2017, de la Diputación da Coruña, por Despois das ondas, un texto sobre la memoria de María Casares, y Premio Abrente 2016, de la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia, por Fendas, un texto sobre heridas, memoria y política, vuelve aquí a sacar también el tema del tiempo y esas voces en las que ideales y sentimientos se funden.

Una indagación en algunos de los desiertos que nos rondan.

Laura Porto, acompañada del Dramaturgo y profesor Joan Giralt, la actriz Sonsoles Cordón y el dramaturgo Ernesto Is, nos leyeron una escena de O senso da floración (El sentido de la floración). Una escena en la que podemos sentir cómo se cruzan varias historias y cómo la violencia puede anidar en el seno de una familia.

La obra a la que pertenece se atreve a dar voz y movimiento a una docena de personajes, intercalando escenas e historias que trazan la vida en una aldea. Ese micro-cosmos a través del cual podemos deducir las leyes generales del macro-cosmos o de muchos otros micro-cosmos. Una pieza realista que despega, por momentos, hacia lo teatral, entendido aquí como lo mágico, lo extraordinario, la condensación de los sueños y las pesadillas.

La muestra ofrecida en el Festival nos sirvió para intuir una especie de realismo mágico muy galaico, en el que integración y desintegración de la comunidad forman parte de la misma célula. Pueblo y familias, tierra y propiedad, presuponen maneras de habitar y relacionarse de manera harmónica en la raíz, aunque las conveniencias actuales puedan introducir desajustes.

Laura Porto nos comentaba que necesitaba dejar reposar la obra porque sentía que le faltaba algo. En el Festival escuchó nuestras impresiones y la acompañamos en una reflexión que, quizás, le puede ayudar a vislumbrar eso que, según ella, le falta.

En todo caso, también le sirvió, como a las otras 5 propuestas, para no sentirse aislada o falta de interés por parte de otras personas.

De alguna manera, cada una de las 6 propuestas, fue como un adentrarse en la cocina creativa de cada una de las 6 dramaturgas/os y hacernos partícipes de sus planes, de su trabajo, de esa inversión ilusionante que es la creación artística. Una experiencia intensa y enriquecedora, en la que, como mínimo, esas 6 propuestas y sus artífices, pudieron sentir que no están solas, que hay alguien más ahí a quien le importa que su trabajo exista y pueda florecer y fructificar. Y esto no es poco.